El tardeo con DJ llega a la Maltería para animar los sábados de O Barco
Cambiar el ritmo de un pueblo no es sencillo. Pero eso es justo lo que intenta ahora La Maltería. Desde que Miriam Couceiro y Jorge Fernández se hicieron con el local el pasado 29 de octubre, el planteamiento ha ido más allá de una simple ampliación respecto a su anterior negocio, el Bohemio. El objetivo es otro: construir un espacio que funcione a lo largo de todo el día, sin cortes ni horarios rígidos.
El salto ha sido importante. Pasar de un bar pequeño, con cinco mesas en el interior y una terraza en el Malecón, a un local mucho más grande y con gran demanda dentro y fuera y que les obligó a reajustarlo todo. «Nos costó un poco al principio», admiten, aunque ahora hablan desde la experiencia de quien ya ha encontrado cierta estabilidad.
Con esa base, llega ahora una de las apuestas más visibles de esta nueva etapa: el tardeo. A partir de este fin de semana, la Maltería pone en marcha sesiones de DJ todos los sábados, de siete a diez de la tarde, con un recorrido musical que va de los años 70 a los 2000. Una propuesta pensada para ocupar un espacio que hasta ahora apenas tenía protagonismo en O Barco.
La idea no pasa por convertir el local en una discoteca. La música será «de modo ambiente», lo justo para acompañar sin invadir, permitiendo que la gente converse, se quede y alargue la tarde.
Además, el formato nace con vocación de movimiento. Habrá temáticas diferentes, interacción con el público —desde elegir canciones hasta pequeñas dinámicas— y una implicación directa del equipo, que busca que cada sábado tenga su propio carácter.
Ese enfoque encaja con otra de las claves del proyecto: el horario continuo. La Maltería abre desde las ocho de la mañana hasta la noche —entre semana hasta las doce y los fines de semana hasta las dos— con la intención de que cualquier momento sea válido para entrar. Desayunos, tostadas, vermú, cerveza o cócteles, sin importar la hora.
«Al final se trata de crear costumbre», explican, conscientes de que no basta con abrir más horas, sino que el público incorpore esa idea de disponibilidad constante.
En paralelo, hay un elemento que no cambia pese al crecimiento: el trato. Miriam lo resume con claridad: «para nosotros es lo más importante».
Esa forma de entender el negocio atraviesa todo el proyecto. También en la relación con el equipo, al que sitúan «a la misma altura» que ellos, y en la intención de ofrecer algo más que un servicio: una experiencia cercana, reconocible.
La Maltería encara así una etapa en la que conviven dos objetivos: crecer y mantener la esencia. El tardeo con DJ es, de momento, la apuesta más visible. Una manera de activar las tardes sin romper el carácter del local.
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