sábado. 20.04.2024
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Álvaro intentando prender los caracoles a la puerta de su casa (O Castro).

Como si de un diario de recién llegada se tratase, sobrecoge la emoción y compromiso de O Castro (O Barco) y Petín —tratados estos a modo de ejemplo en este artículo— en cada Viernes Santo. Este año la lluvia puso difícil, por no decir imposible, que las procesiones de la Soledad salieran a las calles de estos pueblos. Pero eso no fue impedimento para sus vecinos. 

Álvaro vive en O Castro, cerca de la iglesia desde donde parte la procesión. Nada más llegar a su calle estaba bajo la lluvia, mojándose, a las 22:00 de la noche. Tenía un paño bañado en acelerante y un mechero en la mano, y no dejaba de esforzarse para que su estructura de caracoles prendiera —a pesar de que llovía con fuerza—. Al preguntarle por lo que estaba intentando hacer respondió «no sé cuándo podré, pero voy a encender todas las estructuras con caracoles que tengo, porque ya las hice y significan mucho para nosotros». Al bajar a la iglesia, se intentó cubrir a la Virgen con un plástico, pero era imposible sacarla con tanta lluvia. En ese momento, las mujeres entonaron cantos en honor a la Virgen, y los hombres cogieron sus instrumentos para tocar una de las canciones más sobrecogedoras que existen hacia una madre: "Una madre no se cansa de esperar". 

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Acto en la iglesia de O Castro. 

En Petín el nombre propio es Pili, mujer comprometida que se encarga de colocar los caracoles en las escaleras y en las estructuras de sus hijos. El relevo lo toman ellos ya, y su nieta. Un trabajo que involucra a tres generaciones, y que parece incluirá a las siguientes. En Petín los pelos de punta los ponen las voces de los hombres entonando el Miserere, a capela, dentro de la iglesia en el pasado Viernes Santo.

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Grupo de hombres encargados de cantar el Miserere.

Dos pueblos comprometidos con la tradición y con el sentimiento de pertenencia, patrimonio y legado. Una Semana Santa que, a ojos de una persona «nueva», es sobrecogedor. 

La Semana Santa en Valdeorras: tradición y compromiso en lo «pequeño»