Manu Velasco: «La asignatura de la que más aprenden los niños no es lengua ni matemáticas: se llama ejemplo»
Algo no termina de encajar cuando un niño aprende a manejar una pantalla antes que a gestionar la frustración. O cuando un padre le pide que deje el móvil… sin apartar la vista del suyo. Ahí es donde Manu Velasco sitúa el foco.
El docente y divulgador participa este martes en O Barco con una propuesta que no gira en torno a metodologías ni a debates abstractos, sino a decisiones cotidianas. A lo que se hace —y se deja de hacer— dentro y fuera del aula. «Estamos sacando cosas de la escuela porque las tildamos de tradicionales, aunque funcionen, y metiendo otras nuevas que, por ser nuevas, pensamos que son buenas. Y no es así», explica
Su planteamiento no es una defensa del pasado, sino una llamada a recuperar criterio. A no confundir innovación con novedad. Porque, en su opinión, el eje no está en los métodos, sino en la mirada. «Educar es algo más emocional que curricular. La persona siempre estará por delante de cualquier contenido, programación o examen», sostiene.
Cuando el problema no es la tecnología
Velasco evita el discurso fácil contra las pantallas. Introduce un matiz: no son el problema, pero tampoco son neutras. «La tecnología es un gran tren que nos puede llevar a cualquier lugar, pero siempre tiene que circular por las vías de la pedagogía», señala.
El desequilibrio aparece cuando ese orden se invierte. «Nos encontramos con niños de diez o doce años con móviles de última generación y barra libre de wifi. Y eso rompe todo». Y ahí la mirada vuelve a los adultos. «No hay que empezar quitando el móvil a los niños, sino a los adultos»
Además, detecta otro cambio silencioso: la dificultad para poner límites. «Nos encontramos con niños con una autorregulación emocional preocupante», advierte. No lo plantea como una crítica, sino como una consecuencia de un contexto donde la inmediatez y la sobreprotección reducen el margen para equivocarse, esperar o frustrarse.
Y, de nuevo, todo vuelve al mismo punto: el ejemplo. «Enseñamos más con una cosa que hacemos que con veinte que decimos».
Más allá de las notas
Su reflexión también alcanza al sistema educativo. A esa lógica que sigue midiendo el aprendizaje en exámenes y medias. «Cuando avanzas en la vida no tienes problemas curriculares, tienes problemas vitales», explica.
Por eso defiende una escuela que enseñe a pensar, a decidir y a manejarse en situaciones reales, no solo a responder correctamente en una prueba.
Velasco llega a los Encuentros Familia- Esocla organizados por Vagalume y el Concello de O Barco con una intención clara: que lo que se escuche tenga recorrido después. «Que sea útil. Que sirva tanto para familias como para docentes y que nos ayude a trabajar juntos», resume. Porque, insiste, la educación no puede dividirse en dos mundos separados. «Familia y escuela tenemos que compartir, no competir».
Este martes, en el Teatro Lauro Olmo, no habrá recetas rápidas. Pero sí algo más necesario: una forma distinta de mirar lo que ya está pasando. Y, quizá, de empezar a cambiarlo.