Kz Angels: Cinco chavales, una banda y ninguna duda de que esto va en serio

Kz Angels: Cinco chavales, una banda y ninguna duda de que esto va en serio
Tienen entre 13 y 15 años, forman parte de Amava y llevan meses ensayando y actuando en las jam sessions que organiza Amava. Kz Angels empieza a construir algo poco habitual a esa edad: un grupo que ya piensa y suena como tal

En cuanto empiezan a hablar, cuesta seguirles el ritmo. Uno completa la frase del otro, alguien se adelanta, otro corrige, todos quieren contar cómo empezó todo. No es desorden: es urgencia. La de quien tiene mucho que decir y poco tiempo para decirlo.

Así se presentan Kz Angels. Cinco adolescentes de entre 13 y 15 años que todavía no han debutado como grupo sobre un escenario —lo harán este sábado en la Festa do Cordeiro de Larouco—, pero que ya hablan de la música como si llevaran años dentro.

Se pisan, se interrumpen, se corrigen. Y en ese ir y venir de voces se va armando algo más que una entrevista: una forma de estar. Cada uno intenta colocar su historia, explicar su lugar, dejar claro cómo ha llegado hasta aquí. Transmiten pasión, y una implicación total que solo aparece cuando algo importa de verdad.

También en lo musical tienen claro por dónde van. Lo llaman metal. O, con más precisión, una “macedonia”: una mezcla de estilos dentro del propio género, más duros o más melódicos según el momento. No buscan encajar en una etiqueta cerrada, sino explorar lo que les gusta.

Luis (14 años) creció con la música en casa. Su padre tocaba en un grupo y el bajo siempre estuvo presente, aunque durante años apenas lo utilizaba. «Bajaba cuando él tocaba, muy de vez en cuando», recuerda. El cambio llegó cuando el instrumento dejó de estar guardado y pasó a formar parte del día a día. Lo tenía a mano. Empezó a tocar más. Sin pensarlo demasiado. «Fue muy repentino», dice. Y desde entonces no lo ha soltado.

Sergio (13) se sumó después. Primero como espectador, luego probando. Al principio ni siquiera tenía claro qué papel quería asumir. Probó a cantar, se fijó en el cantante de Pantera. Hasta que la batería le atrapó. Sin batería. Con lo que tenía: una caja, unos lápices, un bote al que llamaban “botecín”. Aquello era un juego, pero también un punto de partida. El día que se sentó frente a una batería real en el local de ensayo de Amava, la sensación cambió. «Para mí eso era un sueño», reconoce.

Miguel (14) y Emma (13) se incorporaron en esa misma etapa. Ambos a la guitarra –con las clases de Edu, integrante de Mrs Fine– ayudaron a dar forma al sonido del grupo. En el caso de Emma, con un empujón importante desde casa: su hermano, integrante del grupo Seika, fue quien la animó a dar el paso. 

Casi todos comparten algo más que el grupo: el día a día en el colegio Divina Pastora, donde empezó todo. Entre clases y conversaciones sueltas fue tomando forma una idea que, venía de antes, de cuando tenían ocho años y hablaban de montar una banda. «Eran sueños», dicen. Ahora, tras las clases, el nombre y su entrada en la Asociación de Músicos Alternativos de Valdeorras (Amava) ya es una realidad.

Pero faltaba la voz. Y apareció en una jam session de Amava. Tati (15), de Betanzos aunque con raíces en Valdeorras, llevaba tiempo formándose y probándose en escenarios antes de cruzarse con el grupo. Fue su madre quien vio el cartel de una de esas sesiones y la animó a ir. No lo dudó. Subió, cantó y, mientras tanto, el resto del grupo la observaba desde abajo, atentos, casi evaluando. «Qué fichaje», repetirían después. Ella tampoco llegaba de cero: había empezado a formarse desde pequeña, incluso con la ópera, antes de girar hacia el metal. El encaje fue inmediato. No hizo falta mucho más.

Así se completa KZ Angels.

El nombre llegó después de varias discusiones. Propuestas que no convencían, ideas descartadas, horas hablando en el local de ensayo. Todo decidido entre ellos.

El camino hasta ese local tampoco fue inmediato. Papeles, permisos, firmas. Padres implicados en cada paso. La condición de menores obligaba a hacerlo bien. Y lo hicieron. Así entraron en Amava.

Desde entonces han ido sumando experiencias: jam sessions en A Rúa, pequeños escenarios, primeras veces delante de público. Momentos breves, pero suficientes para entender qué pasa cuando uno se sube ahí arriba.

Los nervios aparecen siempre. «Antes de subir estás muy nervioso», dice Luis. Luego cambia. «Te sueltas», añade Miguel. Es una sensación que todos reconocen. Tati la conoce desde antes: empezó a cantar con formación y ya había vivido ese vértigo. No desaparece. Se transforma. 

Lo de este sábado es distinto. Por primera vez subirán como grupo, con su nombre, con una intención clara. No es una participación puntual. Es una presentación. 

Y ahí es donde algo empieza a tomar forma. Porque, pese a la edad, no transmiten la sensación de estar probando. Se lo toman en serio.

Al final de la entrevista interpretan About a Girl, de Nirvana. La voz de Tati sostiene la canción con limpieza, al ritmo de Emma a la guitarra. El resto acompaña con atención. No hay espectáculo. Pero hay intención. Y eso no suele aparecer tan pronto.

Puedes escuchar la entrevista completa aquí: