Una exposición rescata el papel de Valdeorras en las guerras a través del wolframio

Una exposición rescata el papel de Valdeorras en las guerras a través del wolframio
El Instituto de Estudios Valdeorreses reúne en O Barco fotografías, planos y objetos originales para reconstruir la relevancia de la comarca en los conflictos del siglo XX y recuperar una historia marcada por la minería y la memoria

Hubo un tiempo en el que Valdeorras estuvo más cerca de la guerra de lo que parecía. El wolframio lo explica. Hoy, esa historia vuelve a escena. El Instituto de Estudios Valdeorreses (IEV) ha inaugurado en O Barco la exposición «O volframio, entre la tragedia y el romanticismo», que podrá visitarse hasta el 1 de abril en la sala de exposiciones de ABANCA.

El acto de presentación reunió a representantes institucionales y expertos que coincidieron en la necesidad de recuperar y poner en valor este pasado. El presidente del IEV, Aurelio Blanco Trincado, subrayó la importancia de conservar este legado y expresó su deseo de que «pezas tan importantes como as que se amosan nesta exposición, poidan formar parte algún día dun museo na comarca».

En esa misma línea, la teniente de alcalde y concejala de Cultura de O Barco, Margarida Pizcueta, defendió que iniciativas como esta permiten «volver a revivir a historia» de una comarca que fue «potencia en wolframio» en pleno contexto de los grandes conflictos del siglo XX. Además, avanzó que el Concello trabaja en la creación de un futuro Museo de la Minería en Valdeorras, donde podría integrarse este tipo de material.

También intervino el jefe del área provincial de Turismo de Ourense, Cecilio Santalices, quien destacó el valor de la exposición dentro de la estrategia de diversificación turística. A su juicio, el patrimonio minero se consolida como un nuevo atractivo que se suma a otros recursos de la comarca, con capacidad para generar actividad económica y atraer visitantes.

La muestra propone un recorrido por la historia minera de la comarca a través de unas 40 fotografías, planos originales y una selección de objetos vinculados a la explotación, desde libros de control de trabajadores hasta herramientas o dispositivos utilizados en la mina.

En palabras del directivo del IEV Julio Pérez Veiga, se trata de «un recorrido fotográfico y cartográfico por la explotación minera» que permite acercarse a una realidad poco conocida incluso dentro de la propia comarca. 

Porque lo que ocurrió en lugares como la mina de Valborraz, en Casaio, no fue anecdótico. «Está relacionada con la Primera Guerra Mundial, con la Segunda, con la Guerra de Corea y con la Guerra Civil española. No es un asunto menor», explica Pérez Veiga.

El wolframio —clave para la industria armamentística por su resistencia y su alto punto de fusión— convirtió a Valdeorras en un enclave estratégico en esos periodos. Su explotación estuvo directamente ligada a los conflictos bélicos: se activaba en tiempos de guerra y se abandonaba cuando dejaba de ser rentable.

Ese valor, sin embargo, tuvo un coste humano. Durante los años 40, la mina funcionó también como un penal de castigo dependiente de la prisión provincial de Ourense, donde presos republicanos trabajaban para redimir condena. «Llegó a haber hasta 500 presos», señala Pérez Veiga.


 

La exposición recoge esa doble cara: la de la riqueza puntual que generó el mineral —«era como el oro», afirma— y la de una historia vinculada a la represión y a la maquinaria de guerra. Además de las imágenes, la muestra incluye planos originales —algunos elaborados en Alemania— y objetos que ayudan a reconstruir cómo era el día a día en la explotación: barracones, oficinas, maquinaria o espacios de trabajo, así como la presencia de obreros, directivos y presos.

Esta iniciativa también busca conectar con las nuevas generaciones. El IEV ha programado visitas para centros educativos, especialmente dirigidas a alumnado de cuarto de ESO y primero de Bachillerato, que estudian estos periodos históricos. «Muchos desconocen el significado de lo que hubo aquí», apunta Pérez Veiga.

Porque, aunque hoy las minas estén abandonadas y muchas de sus estructuras prácticamente desaparecidas, su impacto sigue presente. «Se ha dejado perder demasiado», lamenta, en referencia al estado actual de este patrimonio. La exposición es, en ese sentido, un primer paso. Una invitación a detenerse, a mirar y a entender que, aunque Valdeorras parezca lejos de los grandes conflictos, no siempre lo estuvo.

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