O Barco se vuelca con los maios para mantener viva una tradición que resiste al paso del tiempo
Cada 1 de mayo, O Barco de Valdeorras vuelve a cubrirse de verde, coplas y crítica popular en una cita que no solo mira al presente, sino también al pasado. Porque, aunque en otros lugares de Galicia esta celebración se ha ido diluyendo con los años, aquí sigue formando parte del calendario y de la identidad de todo un pueblo.
La concejala de Cultura, Margarida Pizcueta, lo resume desde la experiencia: «En 30 anos aquí sempre recordei os maios». Una continuidad que no es casual, sino fruto de un esfuerzo constante por mantener viva una tradición que hunde sus raíces en celebraciones ancestrales vinculadas a la llegada de la primavera y a la esperanza de buenas cosechas.
Ese esfuerzo se traduce también en la organización. El Concello ha ido reforzando la fiesta con el paso del tiempo, ampliando la programación para hacerla más atractiva y evitar que pierda fuerza frente a otras citas del entorno. «Temos que competir con outras festas», reconoce Pizcueta, consciente de que mantener el interés no es sencillo.
El resultado es una jornada que combina tradición y actividad. Desde primera hora, con la apertura del mercado –gracias a la labor del CCA– y la colocación de los maios, hasta la música, las coplas y las propuestas familiares de la tarde, el objetivo es que la celebración se viva durante todo el día.
Pero el corazón de la fiesta sigue estando en los propios maios. Su elaboración mantiene un carácter artesanal que exige tiempo, cuidado y conocimiento. Sobre una estructura, generalmente piramidal, se colocan elementos naturales como xestas o flores hasta cubrir completamente el armazón, uno de los aspectos que más valora el jurado.
A esa parte visual se suman las coplas, piezas cantadas que aportan el componente más popular y crítico. Tradicionalmente, quienes acompañaban los maios –normalmente niños– recorrían las casas cantando y recogiendo aguinaldos, en una mezcla de celebración y sátira que aún hoy se mantiene.
La fiesta también evoluciona. Desde el Concello ya se plantean recuperar elementos que se han ido perdiendo, como el “maio humano”, una figura tradicional dentro de estas comitivas.
Además, el concurso volverá a contar con más de 2.300 euros en premios, una cuantía que busca reconocer el trabajo de los participantes y animar a que nuevas generaciones se impliquen en la tradición. Porque ese es, en el fondo, el reto: que los maios no se conviertan en una postal del pasado, sino en una celebración viva.
En O Barco, de momento, lo están consiguiendo.
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