Ana Galcerán: «Muchas veces sentimos un vacío que ni siquiera sabemos explicar con palabras»

Ana Galcerán: «Muchas veces sentimos un vacío que ni siquiera sabemos explicar con palabras»
La psicóloga acaba de abrir en O Barco de Valdeorras el gabinete ANAM Psicología, un espacio desde el que pretende acercar la atención psicológica a la comarca y ofrecer orientación especialmente en el ámbito de los trastornos del neurodesarrollo

La salud mental ha dejado de ser una conversación incómoda para convertirse en una preocupación cada vez más visible en la sociedad. Ansiedad, depresión o dificultades emocionales forman parte ya de un debate público que hace apenas unos años apenas encontraba espacio. En ese contexto nace ANAM Psicología, el gabinete que la psicóloga Ana Galcerán acaba de abrir en O Barco de Valdeorras.

El nombre del centro no es casual. «ANAM en gaélico significa alma», explica la profesional. La elección responde a la idea de que la intervención psicológica no puede limitarse a un enfoque técnico, sino que exige una relación terapéutica basada en la conexión con la persona. «Desde el principio quería que el proyecto transmitiera esa idea de vínculo y cercanía que buscamos los psicólogos para poder ayudar a nuestros pacientes». 

El gabinete se encuentra en el número 18 de la calle Eloy Fernández y supone el regreso profesional de Galcerán a la comarca después de varios años formándose y trabajando en otros centros. Tras terminar la carrera de Psicología, desarrolló su trayectoria en residencias de mayores y en distintos gabinetes especializados, especialmente en el ámbito de los trastornos del neurodesarrollo.  

Ese campo —que incluye diagnósticos como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH)— es uno de los ámbitos en los que la psicóloga ha acumulado mayor experiencia. Precisamente por eso considera que todavía existe un importante margen de mejora en la información que reciben tanto las familias como los centros educativos.

«Hay mucho desconocimiento sobre este tipo de trastornos», señala. Y ese desconocimiento, explica, puede generar situaciones complejas tanto en casa como en el aula. «Hay padres que tienen hijos con diagnóstico de TDAH y no saben realmente qué está pasando ni cómo gestionar determinadas conductas».  

En muchos casos, añade, el problema no es la falta de voluntad por parte de las familias o del profesorado, sino la ausencia de herramientas para comprender qué ocurre. «Los docentes muchas veces tampoco tienen acceso a la información o a los recursos necesarios para abordar estas situaciones».  

Cuando ese conocimiento falta, conductas asociadas al trastorno pueden interpretarse erróneamente como falta de disciplina o desinterés. Comprender el origen de esas conductas, insiste la psicóloga, cambia completamente la forma de abordarlas. «Si sabemos por qué un niño se comporta de una determinada manera, podemos ayudarlo a gestionarse y acompañarlo en su desarrollo».  

El TDAH, recuerda, no se manifiesta siempre de la misma forma. Existen distintos perfiles clínicos: el tipo predominantemente inatento, el hiperactivo y el combinado, que mezcla ambas características. «La sintomatología no es la misma en cada caso, por lo que es fundamental saber con qué tipo estamos trabajando».  

A partir de ese diagnóstico, el trabajo psicológico se centra en fortalecer determinadas funciones cognitivas y en proporcionar pautas tanto a las familias como a los propios menores para facilitar su desarrollo.

Pero la consulta no se limita a la infancia. Galcerán también atiende a población adulta, especialmente en problemas relacionados con la ansiedad, la depresión o la gestión emocional.

Según explica, el ritmo de vida actual tiene mucho que ver con el aumento de estas dificultades. «Vivimos en un mundo muy automático, muy rápido, en el que muchas veces no nos detenemos a pensar cómo nos sentimos o hacia dónde queremos ir». 

Aunque hoy la salud mental ocupa más espacio en el debate público, la psicóloga considera que ese interés creciente responde sobre todo a un cambio de mirada social. «Más que que haya más problemas, lo que ocurre es que ahora estamos dando voz a cosas de las que antes no se hablaba».  

Y es precisamente en este contexto, donde la educación emocional aparece como uno de los grandes retos pendientes, especialmente en la infancia. Aprender a reconocer y gestionar emociones como la frustración o la rabia sigue siendo, en muchos casos, una asignatura poco trabajada.

«Hay niños que no saben identificar lo que sienten y familias que tampoco saben cómo acompañarlos en ese proceso». Por eso considera que trabajar la inteligencia emocional desde edades tempranas es clave para el desarrollo personal.  

Ese aprendizaje, sin embargo, no depende solo de los menores. Los adultos también tienen un papel fundamental. «Muchas personas invalidan cómo se sienten los demás porque así aprendieron a relacionarse».

Romper esa dinámica implica revisar los propios patrones de comportamiento. «Reconstruirnos y deconstruirnos es importante para poder relacionarnos de otra manera y educar de forma diferente».  

Con esa perspectiva, ANAM Psicología inicia ahora su actividad en O Barco con la intención de ofrecer un espacio profesional de acompañamiento en un momento en el que la salud mental ocupa, cada vez más, un lugar central en la vida cotidiana.
 

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