Los romanos regalaron por san Valentín la uva Mencía y godello a Valdeorras

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Un edicto de Cesar Augusto, fechado el 14 de febrero del año 15 a.C., premia la fidelidad de los Susarros y Gigurros durante las Guerras Cántabras, otorgándoles inmunidad y tierras. Aunque el edicto no menciona específicamente el viñedo, los historiadores coinciden en que esta estabilidad jurídica permitió el asentamiento del cultivo de los viñedos

Desconocía el emperador César Augusto que, siglos después de su muerte, el 14 de febrero acabaría asociado al Día de los Enamorados. Lo que sí firmó en una fecha que coincide con mediados de febrero del año 15 a.C. fue un documento que afecta directamente al territorio que hoy conocemos como Valdeorras.

Se trata del llamado Bronce de Bembibre, una pieza jurídica emitida desde Narbo Martius (Narbona) los días 16 y 15 antes de las calendas de marzo —equivalentes aproximadamente al 14 y 15 de febrero— durante el consulado de Marco Druso Libón y Lucio Calpurnio Pisón. Es el documento más antiguo conservado que menciona a pueblos del ámbito astur, en concreto a los Susarros y a los Gigurros, asentados en el entorno de la actual comarca valdeorresa.

El texto se inscribe en el contexto de la reorganización administrativa de Hispania tras las guerras cántabras. Augusto, en su noveno poder tribunicio y como procónsul, deja constancia de la fidelidad de los habitantes del castro Paemeiobrigense, pertenecientes a la gens de los Susarros, y les concede inmunidad perpetua, reconociendo además sus límites territoriales. También ordena la reintegración de los habitantes del castro Alobrigiaecino, de la gens de los Gigurros, estableciendo sus obligaciones dentro del nuevo marco administrativo.

Más allá de su contenido concreto, el documento refleja un momento de transición: el paso de estructuras tribales a una organización integrada en el sistema romano. Aquello implicaba nuevas cargas fiscales, pero también seguridad jurídica, delimitación de tierras y estabilidad política. En términos históricos, supuso la incorporación definitiva del territorio al engranaje del Imperio.

Aunque el hallazgo del bronce no se produjo en Valdeorras, su alcance afecta directamente al área del Sil. La integración en la estructura romana abrió el territorio a redes económicas más amplias y a una planificación más sistemática del espacio.

Valdeorras, entre el oro y la vid

El noroeste peninsular atrajo a Roma por su riqueza aurífera. Las grandes explotaciones como Las Médulas son el ejemplo más conocido, pero todo el entorno participó de ese dinamismo minero y logístico. La organización del territorio, la presencia militar y, ya en décadas posteriores, la construcción de calzadas como la Vía XVIII —conocida como Vía Nova y levantada en el siglo I d.C.— consolidaron la articulación del espacio y facilitaron la circulación de metales, productos agrícolas y mercancías.

En ese contexto de romanización se desarrollaron también transformaciones agrícolas. Los romanos extendieron y sistematizaron el cultivo de la vid en amplias zonas de Hispania. Aunque no existe un documento que señale el momento exacto en que la vid comenzó a cultivarse en Valdeorras, la integración en el modelo económico romano favoreció la expansión de técnicas agrarias más organizadas, la delimitación de parcelas y la conexión con mercados de mayor alcance.

El valle del Sil ofrecía condiciones naturales adecuadas: laderas soleadas y suelos bien drenados. Con el paso de los siglos, esa tradición agrícola se consolidó y evolucionó, hasta convertirse en uno de los rasgos identitarios de la comarca.

Las variedades actuales, como la Godello o la Mencía, son fruto de una evolución histórica muy posterior. Sin embargo, el marco económico y territorial establecido en época romana contribuyó a sentar las bases de una explotación agraria estructurada que, con transformaciones sucesivas, ha llegado hasta nuestros días.

Una efeméride para entender el presente

Algunas fuentes señalan la fecha del 14 de febrero del 15 a.C., vinculada al Bronce de Bembibre y al edicto augusteo, como el momento aproximado en el que el territorio pasó a formar parte de una red política y económica global: el Imperio romano. Aquella integración supuso cambios profundos en la organización social, en la fiscalidad y en el aprovechamiento de los recursos.

La reorganización augustea, la explotación minera, la posterior construcción de infraestructuras viarias y la progresiva implantación de modelos agrícolas romanos forman parte de un proceso largo y complejo. Dos mil años después, cuando la comarca proyecta su identidad a través de sus vinos y su paisaje modelado por viñedos, conviene recordar que parte de esa estructura territorial comenzó a definirse en la Antigüedad.

Febrero puede ser una efeméride evocadora, pero sobre todo es una invitación a comprender cómo la historia administrativa, jurídica y económica de Roma influyó en la configuración de Valdeorras. No como un gesto simbólico aislado, sino como el inicio de un proceso que transformó el territorio para siempre.