domingo. 26.07.2026

Las casas señoriales que aún guardan la memoria de la "vella" Valdeorras

Escudos de piedra, balcones de madera, patios interiores y antiguas fortalezas recuerdan el poder que durante siglos ejercieron nobles, órdenes religiosas y grandes familias sobre la comarca. Muchas pasan desapercibidas para el visitante, pero juntas forman uno de los patrimonios arquitectónicos más desconocidos de Galicia

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Cuando se piensa en la arquitectura histórica de Galicia es habitual imaginar pazos rodeados de camelias, grandes escalinatas de granito y jardines señoriales. Valdeorras, sin embargo, cuenta una historia diferente.

Aquí la nobleza nunca construyó grandes residencias palaciegas como las de las Rías Baixas o la Ribeira Sacra. La frontera con León, la riqueza minera, el control de los caminos y el cultivo del vino dieron lugar a otro modelo de poder formado por fortalezas, casas grandes, pazos rurales y casonas blasonadas que todavía hoy aparecen dispersas por pueblos y parroquias de toda la comarca. Muchas permanecen ocultas tras una calle estrecha, una plaza o una fachada aparentemente sencilla. Otras conservan escudos nobiliarios que siguen contando la historia de quienes gobernaron estas tierras durante siglos.

Donde comenzó el poder de los señores de Valdeorras

Ningún edificio simboliza mejor la historia del poder en la comarca que la Torre y Fortaleza de O Castro, en O Barco.

Levantada sobre un antiguo asentamiento castreño, la fortificación ya existía como punto estratégico de vigilancia en el siglo XII. A lo largo de los siglos pasó por manos de algunos de los linajes más influyentes del noroeste peninsular, entre ellos los condes de Lemos, los Pimentel y los condes de Ribadavia. Desde esta posición dominaban el valle del Sil, controlaban el comercio y administraban buena parte del territorio valdeorrés. Declarada Bien de Interés Cultural, la torre es hoy uno de los grandes símbolos patrimoniales de la comarca.

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Pazo do Castro

Muy cerca se encuentra el Pazo de Flórez, también conocido como Pazo do Castro, y la Casa Grande de O Castro o Casa Carballo, ejemplos de la arquitectura señorial que fue creciendo al amparo de la fortaleza medieval.

Petín y A Rúa, donde las fachadas todavía hablan

Hay pueblos en los que basta levantar la vista para descubrir siglos de historia. El casco histórico de Petín conserva uno de los conjuntos de arquitectura civil más interesantes de Valdeorras. Calles empedradas, soportales, balcones de madera y fachadas blasonadas recuerdan el papel que desempeñó la villa como enclave comercial entre Galicia y Castilla. Entre sus edificios destaca el Pazo dos Mancebos, una de las construcciones nobiliarias más representativas del municipio.

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Pazo dos Mancebos

Al otro lado del Sil, A Rúa mantiene también un notable conjunto de casas solariegas. Pasear por su casco histórico permite descubrir portadas de granito, balconadas tradicionales y numerosos escudos heráldicos que hablan del peso que tuvieron determinadas familias durante la Edad Moderna. La histórica Casa Grande de Fontei constituye uno de los mejores ejemplos de este patrimonio civil.

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Casa Grande de Fontei

Si existe un municipio donde la arquitectura señorial adquiere un protagonismo especial, ese es Vilamartín de Valdeorras. La Enciclopedia Galega Universal recoge varios de los inmuebles más destacados de la comarca como son el Pazo de San Lourenzo de Arcos, el Pazo de San Miguel do Outeiro, el Pazo de San Xulián da Portela, además de la antigua Casa Grande da Portela y el desaparecido castillo de Torre Penelas. Estas edificaciones recuerdan la importancia económica que alcanzó este territorio gracias a la agricultura, la vid y el control de las comunicaciones entre el valle y la meseta. Aunque algunos de estos inmuebles han sufrido importantes transformaciones con el paso del tiempo, siguen siendo testimonio del poder que ejercieron los linajes locales durante siglos.

Pero en  Valdeorras no todo el poder estuvo en manos de la nobleza. El antiguo monasterio de San Miguel de Xagoaza, fundado en la Edad Media y posteriormente vinculado a la Orden de San Juan de Jerusalén, desempeñó un papel esencial en la organización del territorio. Desde aquí se administraban propiedades, tierras y rentas que extendían su influencia por buena parte de la comarca. Su iglesia románica, declarada Bien de Interés Cultural, continúa siendo uno de los grandes monumentos medievales de Valdeorras.

O Bolo, un señorío entre montañas

Si la Torre do Castro representa el poder sobre el valle del Sil, el Castillo de O Bolo resume la historia del extremo oriental de la comarca. La fortaleza dominó durante siglos el paso hacia las tierras de Trives y Sanabria. Tras las revueltas irmandiñas fue reconstruida y terminó convirtiéndose en el centro del señorío de los Pimentel, una de las familias más poderosas del Reino de Galicia. Junto a ella se conserva el Pazo de Prada, otra muestra de la arquitectura señorial vinculada a la historia de O Bolo.

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Lo que hace diferente a Valdeorras no es la monumentalidad de sus pazos, sino su relación con el territorio. Aquí las casas señoriales convivían con lagares, bodegas, viñedos, molinos y explotaciones agrícolas. Eran el centro de auténticas unidades económicas que organizaban la vida de parroquias enteras. Los escudos labrados sobre los dinteles no eran únicamente un símbolo de prestigio; identificaban a quienes administraban tierras, cobraban rentas y ejercían jurisdicción sobre amplias zonas del valle.

A diferencia de otras comarcas gallegas, donde los grandes pazos se promocionan como reclamo turístico, buena parte del patrimonio civil de Valdeorras permanece discretamente integrado en sus pueblos.

Algunas casas siguen siendo viviendas particulares; otras esperan nuevas actuaciones de conservación y varias han cambiado de uso con el paso del tiempo. Sin embargo, todas conservan un enorme valor histórico porque permiten entender cómo evolucionó la comarca desde la Edad Media hasta la época contemporánea.

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Basta recorrer las calles de Petín, A Rúa o Vilamartín, detenerse ante la Torre do Castro o acercarse al monasterio de Xagoaza para comprobar que la historia de Valdeorras no solo se escribió en castillos o iglesias. También quedó grabada en los escudos de piedra, en los patios interiores, en las galerías de madera y en esas viejas casas señoriales que, siglos después, continúan guardando la memoria de la vieja Valdeorras.

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