La mina de Valborraz da el primer paso para frenar su deterioro tras años de pérdida
Durante años, cada vez que los miembros de la asociación Sputniik Labrego visitaba la mina de Valborraz confirmaba el mismo diagnóstico: más deterioro, más abandono, menos patrimonio. Pero, este fin de semana, por primera vez, la sensación, según reconoce el presidente de la asociación Carlos Tejerizo, ha sido distinta.
Cerca de veinte voluntarios respondieron al llamamiento que hizo Sputnik Labrego en noviembre para participar en una jornada de trabajo centrada en la limpieza de los edificios principales de la mina más afectados por los incendios del pasado verano. Las plazas se cubrieron prácticamente en el mismo día y, durante dos jornadas, actuaron en zonas clave del complejo, como cocinas y baños, iniciando una intervención que, esperan, marque un punto de inflexión.
«Hasta ahora solo estábamos dando pasos hacia atrás. Esta es la primera vez que estamos recuperando la infraestructura», resume Carlos Tejerizo.
El objetivo de los trabajos no se limitaba a retirar los escombros acumulados. La iniciativa buscaba también poner en valor un espacio cargado de historia, ligado tanto a la actividad minera como a episodios de la Guerra Civil, el franquismo y la guerrilla en los montes de Casaio. Un lugar que, en palabras de Tejerizo, permite «sacar discursos, narrativas y memorias» sobre cuestiones que siguen vigentes, como el abandono del rural o los incendios.
Y lo mejor es que la experiencia no será algo puntual. La asociación ya prevé organizar nuevas campañas en los próximos meses, previsiblemente en junio, con la intención de ampliar el número de participantes y avanzar en la consolidación de un complejo cuyo tamaño y estado hacen que el trabajo sea, reconocen, «ingente».
Y mientras desde la asociación ya piensan en seguir limpiando, crece la sensación de que este primer paso debe ir acompañado de mayor implicación institucional. La comunidad de montes y los vecinos ya han mostrado su compromiso, pero la recuperación integral de la mina requiere recursos y planificación a largo plazo.
En paralelo, la asociación no descarta el potencial turístico del enclave, aunque insiste en que debe ir de la mano de la conservación. Actualmente, la mina ya es accesible —aunque con dificultad y en vehículo todoterreno—, pero el objetivo es consolidar las estructuras para garantizar la seguridad y permitir visitas en mejores condiciones. «Es un espacio más que visitable y recomendable», apunta Tejerizo, que considera que una correcta puesta en valor permitiría dar a conocer este patrimonio sin ponerlo en riesgo
Porque, tras años de abandono, Valborraz ha empezado a cambiar de dirección. Y aunque el camino será largo, el primer paso ya está dado.
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