Donde el Camino sabe a godello: Luis y Bea descubren que el Camiño de Inverno también se bebe

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La pareja eligió A Rúa como punto de partida para vivir un Camino diferente, donde el paisaje, la enología y la hospitalidad de Valdeorras convierten la peregrinación en una experiencia que va mucho más allá de llegar a Santiago

Hay quien empieza el Camino de Santiago buscando una meta. Luis y Bea comenzaron el suyo buscando una experiencia. Y la encontraron mucho antes de colocarse la mochila a la espalda.

A las cinco y media de la madrugada de este sábado emprendieron el Camiño de Inverno desde A Rúa rumbo a Santiago. Pero las primeras horas de su peregrinación no transcurrieron caminando entre viñedos, sino descubriendo el alma de una tierra donde el vino forma parte de la identidad de quienes la habitan.

Luis, Joaquín y Bea en uno de los mojones del Camiño de Inverno rodeados de cepas de godello

Llegados desde Madrid, esta pareja acumula ya cuatro caminos jacobeos. Sin embargo, el de Inverno llevaba tiempo rondándoles la cabeza. La recomendación de una peregrina durante el Camino del Norte fue la chispa que encendió la idea. «Nos dijo que era su camino favorito porque caminabas entre parras. Como a nosotros nos gusta mucho el vino, unir esa pasión con la de caminar hizo que este año nos decidiéramos por el Camiño de Inverno», explica Luis.

No fue casualidad que eligieran A Rúa como punto de partida. Antes incluso de comenzar la primera etapa quisieron conocer de cerca una de las grandes riquezas de Valdeorras: sus vinos. La tarde anterior la pasaron en Adega Alán de Val, donde Joaquín Sánchez les abrió las puertas de su casa como si fueran amigos de toda la vida.

En la  Adega Alan de Val con Joaquín quien les puso el primer sello de su credencial

El recorrido fue mucho más allá de una visita enológica. Pasearon entre las viñas, descubrieron cómo se realizan los injertos, conocieron las distintas parcelas y comprendieron por qué cada una da lugar a un vino diferente. Después descendieron hasta la cueva de As Pinguelas, un refugio natural donde el frescor se convirtió en el mejor regalo en una jornada en la que el termómetro superó los 40 grados.

«Nos ha abierto las puertas sin conocernos. Al final haces el Camino por las etapas, pero lo que recuerdas para siempre es cómo te recibe la gente», resume Bea, emocionada por una hospitalidad que considera parte esencial de la experiencia jacobea.

Para Joaquín Sánchez, la visita también era una oportunidad para mostrar que detrás de cada botella hay mucho más que una elaboración. «Cada parcela te habla y nuestra obligación es intentar expresar en el vino lo que el viñedo quiere decir. Hay que saber interpretar lo que la uva te está contando», explica mientras recorre unas fincas que lleva décadas trabajando.

La conversación terminó inevitablemente hablando del godello, la gran variedad blanca de Valdeorras. Bea reconoce que, después de probar vinos de diferentes denominaciones, siempre vuelve al mismo lugar. «A mí el godello que más me gusta es el de Valdeorras. Creo que muchas veces no valoramos lo suficiente los vinos que tenemos. Quería vivir de primera mano el cariño y el trabajo que hay detrás de bodegas familiares como esta».

Ese es, precisamente, uno de los grandes atractivos del Camiño de Inverno. A diferencia de otras rutas mucho más concurridas, aquí el peregrino encuentra silencio, naturaleza y una estrecha relación con el paisaje vitivinícola que acompaña buena parte del recorrido por Valdeorras. No es un camino para correr hacia Santiago, sino para detenerse a escuchar el río Sil, contemplar las laderas cubiertas de viñedos y entender por qué esta comarca ha convertido el godello en uno de los grandes vinos blancos de España.

Luis y Bea afrontaban su primera etapa hasta Quiroga con casi treinta kilómetros por delante y el calor como principal adversario. Pero también con la ilusión intacta. «Aunque sea el cuarto Camino, llegar a Santiago sigue emocionándonos igual. Venimos de Madrid, del ruido y las prisas. Aquí buscamos encontrarnos con nosotros mismos», cuentan antes de echar a andar.

En marcha hacia Quiroga

Su peregrinación comenzó oficialmente al amanecer. Sin embargo, el verdadero Camino había empezado unas horas antes, entre viñedos, conversaciones pausadas y una copa de godello. Porque en Valdeorras hay rutas que se recorren con los pies y otras que se descubren a través del vino. El Camiño de Inverno tiene el privilegio de unir ambas en una misma experiencia.

Anocheciendo en Alán de Val, con A Rúa a sus pies
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