2025 muestra un clima marcado por calor persistente, récords en el interior y lluvias cada vez más desordenadas
El año 2025 confirmó que el clima en Galicia ha entrado en una fase más exigente y menos previsible. El balance climatológico anual elaborado por MeteoGalicia sitúa el pasado ejercicio como el cuarto más cálido desde que existen registros, una posición que refuerza una tendencia sostenida en el tiempo y cada vez más visible en el territorio.
La temperatura media anual alcanzó los 14,7 grados, con una anomalía positiva generalizada respecto al periodo de referencia. Sin embargo, el dato más relevante no es solo el incremento del valor medio, sino la forma en que se distribuye el calor: un aumento claro de las temperaturas máximas en el interior, una mayor frecuencia de episodios cálidos prolongados y un calendario térmico cada vez más desplazado.
El informe dibuja con claridad dos dinámicas que conviven en el territorio. Por un lado, las zonas altas del interior, donde las temperaturas mínimas medias siguen marcadas por el frío y por fuertes oscilaciones térmicas. Por otro, las depresiones interiores, que concentran las temperaturas máximas medias más elevadas del conjunto de Galicia. El resultado es un clima cada vez más tensionado, con contrastes acusados entre noches frías y jornadas muy cálidas, y con episodios de calor que ganan duración e intensidad año tras año.
Junio marcó el punto más crítico del año. Las temperaturas se dispararon hasta convertirlo en el junio más cálido de toda la serie histórica, con dos episodios de calor muy intensos en la segunda quincena. En varias jornadas se superaron ampliamente los 40 grados y el 29 de junio se alcanzó un registro extremo: 42,9 ºC, la temperatura más alta medida en Galicia en un mes de junio desde que hay datos.
Agosto prolongó ese escenario. Cerró como el segundo más cálido desde 1961, con una sucesión persistente de días muy calurosos y noches con escasa recuperación térmica. En conjunto, el verano fue largo, seco y especialmente exigente, con una presión térmica sostenida que se extendió más allá de lo habitual.
El comportamiento de las precipitaciones refuerza esa lectura de desequilibrio. El año cerró con una media de 1.524 litros por metro cuadrado, un 18 % por encima de lo normal, pero ese superávit no responde a un régimen de lluvias regular. Al contrario: las precipitaciones se concentraron en episodios intensos y puntuales, especialmente en los meses de invierno y otoño, mientras que buena parte del verano y del inicio del otoño estuvieron marcados por la escasez de agua.
Enero y noviembre destacaron por acumulados muy elevados, frente a meses como junio, julio y agosto, claramente secos. El informe constata así un patrón cada vez más frecuente: periodos prolongados sin lluvia interrumpidos por entradas bruscas de borrascas que descargan grandes cantidades de agua en poco tiempo, con menor capacidad de absorción del suelo.
El balance mensual confirma, además, el desplazamiento térmico del calendario. Nueve de los doce meses del año se situaron en categorías cálidas o muy cálidas, mientras que solo marzo y septiembre rompieron esa dinámica con valores más fríos de lo habitual. Las primaveras tienden a acortarse, los veranos se alargan y el otoño alterna estabilidad prolongada con episodios meteorológicos abruptos.
El informe no recurre a lecturas alarmistas ni a interpretaciones externas, pero los datos son concluyentes. El clima gallego se mueve cada vez más lejos de los patrones conocidos, con un aumento de los extremos, de los contrastes térmicos y de la irregularidad en las lluvias. Un escenario que tiene implicaciones directas sobre el territorio y sobre la gestión de recursos clave como el agua, el monte o el suelo agrícola.
2025 no introduce una excepción. Confirma, con cifras y registros, un cambio que ya se está produciendo.