sábado. 15.06.2024

El aburrimiento

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Hay sonidos, igual que olores o sabores que si se escuchan, huelen o saborean una vez más, te devuelven un trocito del pasado escondido en la memoria, que creías ya olvidado…

Llevo unos días intentando recordar qué hacía yo de pequeña cuando llegaba el verano y entonces el pisar de las sandalias de río en los cantos rodados llenos de arena, ha vuelto a sonar en mi cabeza... Suelo almacenar sonidos, otros almacenarán imágenes, pero sea de la forma que sea, todos hemos sentido de nuevo la niñez al recordar los veranos entre amigos.

Eran veranos de juego infinito, de pantalones cortos y rodillas ennegrecidas, de carreras de escondite y de canicas, de no pasar por casa hasta la hora de la cena, con menos de cinco pesetas en el bolsillo. Verano de bici y de peonza, de arrugarse en el agua, de unas cartas de toalla a la sombra de un llorón. Calores de un julio de piragua y voleyplaya, de un agosto de baloncesto en la pista, de cola en la Ramona, y ni un hueco libre en el muro del Malecón.

Los veranos eran intensos pero también había tiempo para el aburrimiento. De ahí que las opciones para tratar de evitarlo se multiplicasen a través de los años. Y entonces, llegaron los campamentos. Y cumplí la edad suficiente para acudir a uno de ellos. Entraban en mi vida, como en la de mis amigos, y todos éramos prisioneros de sus listas infinitas de actividades.

Un sinfín de aventuras por vivir, de picotazos de mosquitos que experimentar, de rutas de senderismo interminables y liguillas de waterpolo aficionado en la piscina. Cars, caballos, rocódromos y menús de bandeja al lado del que a cambio de comerte sus macarrones, te ofrecía su amistad para toda la vida.

Lo pasábamos genial, y terminábamos agotados. Disfrutábamos hasta la última presa de la ruta del rocódromo. Y cuando tocaba su fin, ya estábamos deseando volver a empezar. Volvíamos, pero cada uno a su casa, a digerir lo vivido, a descansar y buscar estímulos más mundanos persiguiendo renacuajos en el río.

Los campamentos hoy han evolucionado mucho. Los estímulos parecen ser mucho más intensos desde la más tierna infancia. Hay opciones para todos los gustos. Es importante que tengan su tiempo ocupado, pero también es importante aburrirse. Porque de ese aburrimiento surge la creatividad, el ingenio más puro, el que trata de evitar que las horas pasen despacio y del que más se puede aprender. Ocupemos su tiempo, pero dejemos espacio suficiente para que el genio que vive dentro de cada niño, haga de las suyas.

Raquel Cruz

El aburrimiento