Las lluvias desbordan el Leira en Rodeleira y O Mazo (Vilamartín) y reabren el aviso ignorado tras los incendios
Las borrascas encadenadas de los últimos días han dejado en Valdeorras un escenario desigual, con situaciones muy distintas según el punto del territorio, pero con un denominador común: el aumento rápido y persistente de los caudales, que ha puesto bajo presión zonas ya frágiles.
En Vilamartín de Valdeorras, los efectos más visibles se concentraron en el entorno del río Leira, que durante la noche llegó a desbordarse a su paso por Rodeleira y O Mazo. El agua anegó por completo el parque infantil y la zona de aparatos biosaludables, cubrió barandillas y arrastró troncos, restos vegetales y materiales que quedaron atrapados en distintos puntos del cauce. El alcalde, Enrique Álvarez Barreiro, explica que la crecida fue rápida y que los daños se concentran, por ahora, en espacios públicos, aunque admite una preocupación creciente ante lo que pueda ocurrir si el episodio se prolonga.
Según detalla, hubo viviendas en la zona de O Mazo donde el agua llegó a situarse a cerca de medio metro de la entrada, una situación que, aunque ya conocida en episodios anteriores podría agravarse si continúa el deshielo en las cotas altas y se repiten precipitaciones intensas en pocos días. Barreiro insiste en que el problema no es solo la lluvia, sino la acumulación de arrastres procedentes de montes que ardieron en los incendios, lo que reduce la capacidad del cauce y favorece los taponamientos. Esa combinación, advierte, convierte cada nueva crecida en un factor de riesgo añadido.
El alcalde subraya, además, que lo ocurrido no puede calificarse de imprevisible. Recuerda que, desde los días posteriores a los incendios que arrasaron la cuenca del Leira, el Concello trasladó por escrito su preocupación a las administraciones competentes, alertando de que la pérdida total de masa forestal y la acumulación de restos en los cauces acabarían provocando episodios de desbordamiento en cuanto llegaran lluvias intensas.
El viento también está causando problemas en el concello y en la tarde de este martes, la caída de un poste de la luz obligó a cortar la carretera que une Córgomo y Valdegodos.
«Levamos avisando desde o día seguinte dos incendios de que isto podía pasar», insiste, al tiempo que lamenta que, pese a esas advertencias reiteradas, no se haya realizado ningún estudio técnico específico ni se haya actuado de forma preventiva en los puntos más vulnerables. Barreiro reconoce que lo sucedido hasta ahora puede considerarse contenido, pero advierte de que una nueva crecida, combinada con deshielo y nuevos arrastres, podría llevar el agua hasta zonas residenciales, un escenario para el que, asegura, el municipio no dispone de herramientas ni planes claros más allá de la vigilancia y los avisos de Protección Civil.
Desde la Confederación Hidrográfica Miño-Sil, su jefe de la Oficina de Planificación Hidrológica, Carlos Ruiz del Portal, contextualiza el episodio dentro de un marco más amplio. Las precipitaciones asociadas a la última borrasca dejaron en la provincia de Ourense una media cercana a los 50 litros por metro cuadrado, con picos muy superiores en determinadas cuencas, lo que provocó crecidas generalizadas que alcanzaron su máximo durante la jornada de ayer.
Ruiz del Portal señala que, aunque a partir de la tarde de este martes se espera una disminución de la lluvia más intensa, los caudales descenderán de forma lenta y seguirán siendo elevados durante varios días, por lo que recomienda extremar la precaución y evitar el acceso a zonas fluviales. La previsión, añade, no apunta a un alivio claro a corto plazo, sino a una sucesión de episodios menos intensos pero persistentes, capaces de mantener los ríos en niveles altos durante un periodo prolongado.
En Carballeda de Valdeorras, la situación se centra en las inundaciones habituales en la zona de las piscinas municipales, donde el agua volvió a entrar parcialmente tras el aumento del caudal del Sil. La alcaldesa explica que se trata de un fenómeno recurrente, ligado tanto a las lluvias como a la apertura de presas aguas arriba, y que, por el momento, no se han registrado daños en viviendas particulares. El escenario, señala, entra dentro de lo esperado en este tipo de episodios y se resolverá, como en otras ocasiones, con labores de limpieza una vez baje el nivel del río.
La clave de este episodio está, según MeteoGalicia, en la naturaleza de la borrasca que afectó a Galicia. La meteoróloga Ana Lage explica que no se trató del paso directo de la borrasca Joseph, como se llegó a apuntar, sino de un frente frío asociado a una depresión situada más al norte, que atravesó la comunidad con lluvias muy abundantes y viento intenso. Detrás de ese frente entró una masa de aire polar marítimo, más fría, que favoreció chubascos intensos, descenso de temperaturas y nuevas precipitaciones en forma de nieve en cotas medias y altas.
Esa combinación —lluvia persistente, suelos saturados y deshielo— explica que los ríos reaccionaran con rapidez y que cualquier nuevo aporte de agua tenga un efecto inmediato. En Valdeorras, donde varias cuencas confluyen en tramos sensibles, el episodio ha vuelto a evidenciar hasta qué punto la meteorología, la gestión del territorio y el estado de los cauces están estrechamente ligados, y cómo cada temporal reabre un debate que, una vez baja el agua, suele quedar en suspenso.