Numerosos vecinos y visitantes acompañan el desfile de Fulións del Martes de Entroido en Manzaneda
Bombos, tambores, cencerros y utensilios metálicos de labranza volvieron a sacudir este martes de Entroido las calles de Manzaneda, en el oriente ourensano y en pleno Macizo Central. Y lo hicieron en un año especialmente simbólico: el primero tras la declaración del Entroido como Fiesta de Interés Turístico Nacional, un reconocimiento que hasta ahora era autonómico.
Bajo un sol que acompañó durante toda la mañana, la ronda de Fulións reunió a nueve formaciones que desfilaron por la villa en un ambiente marcadamente festivo. Resultaba sencillo distinguir a vecinos de turistas: prácticamente todo el pueblo iba disfrazado —aunque fuese con un sombrero o algún detalle improvisado— mientras los visitantes contemplaban e inmortalizaban el espectáculo y el estruendo rítmico que distingue a cada grupo que participa en el desfile.
De la residencia a las calles
La ronda la abrió Mourela Pa’ Acá (Manzaneda), el primer Fulión en salir y, por tradición, el encargado de marcar el inicio. Antes de recorrer las calles, se acercó a la residencia de mayores para que los usuarios también pudieran disfrutar del desfile.
El alcalde de Manzaneda, Pedro Yáñez —integrante además de este Fulión— explicaba que se trata de una costumbre consolidada: «Sempre todos os anos un fulión de aquí de Manzaneda vai á residencia».
Tras Mourela Pa’ Acá participaron Os Labregos, Buxán, Sobrado, Parroquia de Cesures, Vilariño, A Caniceira, O Fiadeiro y A Parroquia, completando una mañana en la que cada formación imprimió su propio ritmo y su propio toque.
En el caso de Buxán (O Bolo) Pablo, uno de los encargados de llevar la mázcara, señalaba que se trata de uno de los Fulións más antiguos, con referencias documentales que se remontan a principios del siglo XX, aunque existe desde mucho antes. Señalaba, además, que es el único que porta una espada, mientras que el resto de personajes de la zona guía el fulión con una vara o palo.
Entre las figuras que acompañaron el desfile también estuvo el boteiro. Alejo, integrante de Os Labregos (A Pobra de Trives), participó caracterizado como boteiro y explicaba que lleva «dous, tres anos» formando parte del Fulión. Aunque los primeros días resultan más exigentes, «canto máis días pasan, máis aguantas».
Bajo el boteiro, pudimos ver el protecto que lleva sobre la nariz. El traje obliga a saltar prácticamente sin descanso y es necesario para evitar que la careta le golpee al correr. «Para que non faga daño na nariz», explicaba, mientras ajustaba la máscara antes de continuar la ronda.
Más visitantes en un año clave
El buen tiempo contribuyó a una notable afluencia de público. «Contentísimos porque o tempo non nos puido acompañar mellor», valoraba Pedro Yáñez durante la jornada.
Una visitante llegada desde A Coruña reconocía que la declaración como Fiesta de Interés Turístico Nacional «sempre chama un poquinho máis a atención», aunque ya tenía previsto acudir igualmente. Lo que más le emociona, aseguraba, es «la música, el baile, cómo se mueven los que llevan máscaras, las máscaras con los cascabeles, el ritmo que tienen».
Junto al alcalde estuvieron el presidente de la Diputación de Ourense, Luis Menor; el delegado territorial de la Xunta en Ourense, Manuel Pardo; y la alcaldesa de Larouco, Patricia Lamela, que siguieron el recorrido de esta cita señalada dentro del calendario festivo del oriente ourensano.
Tras el desfile llegó el momento de reponer fuerzas. Con el sonido aún resonando en las calles del pueblo, vecinos y participantes se prepararon para compartir el tradicional cocido, otro de los rituales que completan el martes grande del Entroido.
En este primer año con sello nacional, Manzaneda no cambió su forma de celebrar el Entroido. El sonido fue el de siempre. Lo que creció fue su alcance.