Sobredo, recuerdos y vivencias entre el agua y el tren
El viaje comienza cruzando el río Sil desde Puente de Domingo Flórez en dirección a Quereño. Siguiendo la vía del tren, el camino avanza aguas arriba hasta desembocar en una amplia explanada que anuncia la llegada al pueblo. Antes de entrar, la iglesia de la Virgen de la Estrella actúa como puerta simbólica, justo antes de cruzar el canal que conduce al núcleo.
Sobredo es un lugar marcado por dos elementos esenciales: el agua y el ferrocarril. El Sil dibuja la frontera natural con El Bierzo, mientras que en la montaña cercana, modelada por la extracción de pizarra, se asienta San Pedro de Trones. Entre ambos, este pequeño enclave conserva una identidad propia, ligada a su paisaje y a su historia.
Hoy son pocos los vecinos que residen durante todo el año, pero muchos los que regresan en verano, atraídos por la memoria y la infancia. A la entrada del pueblo, donde la calle principal se bifurca, se encuentra la Casa del Pueblo, un espacio cedido por Lucita, vecina profundamente vinculada al ferrocarril que, pese a vivir lejos, nunca ha dejado de volver.
Aún se mantienen vivas pequeñas costumbres. Al caer la tarde, los vecinos salen a la calle a “tomar el fresco”, recuperando lo que aquí se conoce como «o fiandón», ese espacio donde se conversa, se recuerda y se habla de todo un poco.
Hubo un tiempo en el que Sobredo fue un pueblo de intensa actividad. Sus grandes casas, las tierras de cultivo y una economía basada en el trigo, el centeno o el pan marcaban el ritmo de la vida. Los molinos de As Veigas, O Puente o Peñarrubia formaban parte del día a día de una población que llegó a rondar el medio centenar de vecinos. «No faltaba ni que comer ni que beber», recuerdan.
Hoy, el paisaje conserva las huellas de aquel pasado. Las amplias fincas hablan de la concentración parcelaria y, entre ellas, destaca la silueta de un gran palomar, testigo silencioso de otra época.
Las tradiciones siguen siendo un pilar fundamental. La iglesia está dedicada a la Virgen de la Estrella, cuya festividad, celebrada el lunes de Pascua —aunque ahora trasladada al domingo—, convierte al pueblo en un punto de encuentro. Ese día, Sobredo recupera su bullicio: la Virgen y San Antonio recorren las calles en procesión y, después, las bodegas se abren en una ruta animada por la música y la convivencia.
También permanece en la memoria la fiesta de San Antonio, con bailes en el corral, así como la emotiva procesión del Sábado Santo, cuando la Dolorosa y el Santo Cristo caminan hasta Quereño en un recorrido cargado de simbolismo.
El reportaje audiovisual que acompaña estas líneas recoge la esencia de este lugar a través de las voces de sus vecinos. Carlos, Mari, Chelo, Pepe, Charo, Giovanni y Lucita guían al espectador por rincones que solo quienes habitan el territorio conocen, compartiendo su historia, su forma de vida y su vínculo con la tierra.
Sobredo se despide así, entre montes, fuentes y bodegas, dejando la sensación de que, aunque cambien los tiempos, hay lugares que siguen vivos en la memoria de quienes los sienten como propios.