Soulecín volvió a caminar hacia sus raíces entre hornos, airas y sabor a pueblo
Hay pueblos que se visitan y otros que se sienten. Soulecín pertenece a esta segunda categoría. Este sábado volvió a demostrarlo con la celebración de la segunda edición del «Camiño dos Fornos e das Airas», una cita que no solo recupera caminos, hornos y espacios tradicionales, sino también el recuerdo de quienes los habitaron.
La jornada comenzó con una caminata que reunió a unas cuarenta personas, el doble que en la edición anterior. Un recorrido simbólico que partió desde la plaza de Viloira para rememorar el trayecto que durante décadas realizaron a pie los vecinos de Soulecín cuando bajaban a hacer sus compras o realizar cualquier gestión en O Barco.
Guiados por Diana Rodríguez Ramos, responsable de la Oficina de Turismo de O Barco, los participantes descubrieron algunos de los rincones más desconocidos del recorrido y de profunda belleza paisajística y sensorial. El sonido del regueiro de Mourelas acompañó buena parte del camino, mientras la antigua aceña, silenciosa testigo del paso del tiempo, recordaba la estrecha relación entre el agua y la vida de estos pueblos.
Pero al llegar a Soulecín el tiempo pareció detenerse.
La empanada de maraballas, protagonista de la fiesta
La bienvenida aguardaba en las calles del pueblo, preparadas para una jornada de encuentro y celebración en torno a una de las señas de identidad gastronómicas de la localidad: la empanada de maraballas.
Una receta singular que conserva la esencia de la cocina tradicional. Las maraballas —las acelgas de toda la vida— se acompañan de las costillas procedentes de las androllas, una elaboración muy particular que los vecinos defienden con orgullo.
«No son costillas adobadas únicamente; se meten en la tripa, se ahúman y luego se sacan para ponerlas en la empanada», explicaba Ángel Álvarez, alma impulsora de esta iniciativa.
Un pueblo unido alrededor de sus raíces
Precisamente Ángel Álvarez fue el encargado de abrir oficialmente la jornada. Lo hizo acompañado por el subdelegado del Gobierno en Ourense, Eladio Santos; el alcalde de O Barco, Aurentino Alonso; y las concejalas Alba Rodríguez y Margarida Pizcueta.
En un discurso cercano y cargado de espontaneidad, agradeció el apoyo recibido por parte de instituciones, colaboradores y vecinos, recordando que esta fiesta no sería posible sin el trabajo colectivo de todo el pueblo.
Durante el acto se entregaron además varios reconocimientos simbólicos como «Embajadores de Soulecín», una distinción que recayó en las autoridades presentes, en el exalcalde de O Barco Alfredo García, y también en Somos Comarca, por acompañar desde el primer momento esta iniciativa y contribuir a divulgar la historia y el valor patrimonial del pueblo.
Christian Pombo, autor de los obsequios entregados, también realizó en madera tallada lod nombres de las eras y de los edifcios y lugares significativos.
Un recorrido entre airas y hornos
Tras los discursos, la música tomó el relevo. El grupo Os Parrandas encabezó el recorrido por las distintas airas y hornos tradicionales, convirtiendo las calles de Soulecín en una gran celebración popular.
Más de 360 personas participaron en la comida y degustaciones repartidas por los distintos espacios del pueblo. En la Aira do Santiago se sirvió una multitudinaria paella; en la Aira do Fondo, junto al horno comunal, triunfaron los entremeses de jamón, queso y panes artesanos junto a la esperada empanada de maraballas.
El horno de Os Escuredo sorprendió a los asistentes con nuevas propuestas gastronómicas y en el horno de Luis el gran protagonista fue el jamón asado, que hizo las delicias de los visitantes.
La jornada concluyó donde había comenzado la celebración: en la Aira dos Bolos. Allí, la bica, el café y la tradicional queimada endulzaron, más si cabe, una fiesta que volvió a demostrar que el mejor patrimonio de un pueblo son las personas que lo mantienen vivo.
Porque en Soulecín no solo se recorren caminos antiguos. También se recorren recuerdos, historias compartidas y la voluntad de un pueblo que se resiste a olvidar quién es.
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