«No queremos que mueran los bares de siempre», Fredy Ramírez toma el relevo de la histórica Bar San Cristóbal»

La plaza de Viloira sigue teniendo uno de esos rincones donde todavía huele a café temprano, conversaciones largas y vida de barrio. La histórica Bar San Cristóbal inicia una nueva etapa de la mano de Fredy Ramírez, que acaba de asumir la gerencia del emblemático local tras la prejubilación de sus anteriores propietarios.

Lejos de plantearlo solo como un negocio, Fredy habla del bar casi como una responsabilidad emocional con el pueblo y con la forma de vida que representan este tipo de establecimientos. «Parte de nuestro objetivo, aparte de crecer y hacer las cosas bien, es no dejar morir las zonas donde históricamente han existido bares», explica.

Su llegada supone también la continuidad de una tradición hostelera muy ligada a la vida social de la zona. «No dejar morir las tradiciones de Galicia», resume, recordando además el vínculo especial que siente con esta tierra. «Galicia nos ha acogido porque somos migrantes y queremos devolver también esa parte buena manteniendo vivos estos espacios».

La reapertura de Bar San Cristóbal busca precisamente eso, devolver movimiento y ambiente a la plaza de Viloira. Fredy tiene claro que los bares siguen siendo una pieza clave de la vida cotidiana. «Son la base del movimiento de estas zonas», asegura.

Desde que abrió el pasado 1 de mayo, el establecimiento funciona con horario continuo y sin cerrar al mediodía. Abren todos los días de la semana, desde primera hora de la mañana hasta la noche, en una apuesta clara por ofrecer servicio constante tanto a vecinos como a visitantes.

Pero el proyecto va mucho más allá del café o las tapas de siempre. Entre las ideas que ya prepara están los tardeos con DJ, música variada —desde sonidos gallegos hasta ritmos latinos— y actividades pensadas para distintos públicos.

Uno de los proyectos que más ilusión le hace poner en marcha son las paellas populares de final de mes. «Queremos hacer todos los domingos de fin de mes un pincheo de paella para todo el público», explica. Incluso contempla la posibilidad de organizar grandes comidas para grupos numerosos. «Tenemos capacidad para hacer hasta cien porciones», comenta entre sonrisas.

También piensa en las familias y en la parte más lúdica de la plaza. Entre sus planes de futuro está incorporar hinchables y actividades infantiles para convertir el entorno en un espacio todavía más dinámico y atractivo.

Fredy compatibiliza esta nueva aventura con otros negocios, pero afronta el reto de Casa Ignacio con especial cariño. Sabe lo que significa mantener abierto un bar de los de siempre en tiempos difíciles y en una sociedad que cambia rápido. Por eso insiste varias veces en la misma idea: «No dejar caer zonas buenas y seguir funcionando».

Y quizá ahí esté el verdadero valor de este nuevo comienzo. No solo mantener un negocio abierto, sino conservar uno de esos lugares donde todavía se socializa alrededor de una barra, una tapa y una conversación compartida.

Porque mientras haya bares abiertos en las plazas, los pueblos siguen teniendo corazón.

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