¿Por qué tu crema hidratante no funciona? La respuesta puede estar en un paso que casi todos olvidamos

La esteticista Nuria Carmona explica que exfoliar la piel antes de hidratarla es la clave para conseguir un bronceado uniforme y mantener la piel sana durante el verano

Con la llegada del verano aumenta el tiempo que pasamos al sol, las horas de piscina, los baños en el mar y las reuniones al aire libre. También cambian algunos hábitos, bebemos menos agua de la que deberíamos, tomamos alguna bebida más de lo habitual y nuestra piel comienza a resentirse.

Muchas personas recurren entonces a cremas hidratantes buscando recuperar la luminosidad o prolongar el bronceado. Sin embargo, pocas se detienen a pensar si esa piel está realmente preparada para recibir esos tratamientos.

Ese fue el tema del espacio semanal de Ana de la Puente Perfumería y Estética en Radio Valdeorras Onda Cero, donde la esteticista Nuria Carmona recordó que existe un gesto sencillo que puede marcar la diferencia entre una piel apagada y otra sana: la exfoliación.

El error más habitual

«No hay crema que funcione si antes la piel no está preparada», resume Nuria Carmona. La profesional compara este proceso con pintar una pared o barnizar un mueble. Antes de aplicar cualquier producto es necesario limpiar, eliminar impurezas y preparar la superficie.

Lo mismo ocurre con la piel. Durante el invierno y también en verano se acumulan células muertas, restos de cremas solares, sudor, contaminación y otras sustancias que terminan formando una barrera que dificulta la absorción de los tratamientos hidratantes. «Si nos damos crema una y otra vez sin limpiar la piel, es imposible que el producto funcione», explica.

Exfoliar también en verano

Existe la creencia de que la exfoliación solo debe realizarse antes de comenzar la temporada estival. Sin embargo, Nuria insiste en que ese mantenimiento debe continuar durante todo el verano, aunque de forma más suave y espaciada.

Realizar una exfoliación cada una o dos semanas ayuda a eliminar las células muertas, favorece una renovación natural de la piel y consigue que el bronceado sea más uniforme y duradero.

Además, recomienda prestar especial atención a zonas como codos, rodillas o tobillos, donde suelen acumularse más impurezas y donde un sencillo cepillado en seco antes de la ducha puede mejorar notablemente el aspecto de la piel.

El verano también deshidrata

El calor, el sol, el cloro de las piscinas, la sal del mar o incluso el consumo ocasional de alcohol favorecen la deshidratación. Y quien primero lo nota es la piel. Por eso, después de exfoliar, llega el segundo paso imprescindible, hidratar.

Según explica Nuria Carmona, una piel bien hidratada no solo mantiene mejor el bronceado, sino que conserva su elasticidad, luminosidad y capacidad de regeneración tras la exposición solar.

Hoy en día, añade, existen lociones y aceites de rápida absorción que permiten hidratar sin dejar sensación grasa, uno de los motivos por los que muchas personas evitan este paso.

Una piel preparada responde mejor

La especialista insiste en que ningún tratamiento profesional debería comenzar sin haber preparado previamente la piel. «Tiene que estar receptiva, libre de células muertas y preparada para recibir el alimento que después vamos a aplicar», señala.

Solo entonces los principios activos de una crema o de un tratamiento corporal pueden penetrar correctamente y ofrecer los resultados esperados.

Los cuatro pasos que no deberíamos olvidar

Para Nuria Carmona, cuidar la piel en verano no requiere rutinas complicadas, sino constancia. Las claves pasan por:

  • Exfoliar con suavidad para eliminar las células muertas.
  • Hidratar diariamente rostro y cuerpo.
  • Utilizar siempre protección solar adaptada al fototipo de cada persona.
  • Preparar la piel antes de cualquier tratamiento estético.

La piel también necesita cuidados

Con frecuencia prestamos atención al rostro y olvidamos que la piel del cuerpo también envejece, pierde colágeno y acusa los efectos del sol, el calor y la deshidratación.

Por eso, concluye la especialista, pequeños gestos como una exfoliación periódica, una buena hidratación o una protección solar adecuada no son un capricho estético, sino una forma de cuidar el órgano más grande del cuerpo. Porque una piel sana no solo luce mejor en verano; también agradecerá esos cuidados cuando el otoño devuelva la rutina y el bronceado empiece a desaparecer.

Descubre qué cuatro pasos no deberían faltar nunca en tu rutina de cuidado de la piel: