«La música es vida»: cuatro jóvenes de O Barco llevan el nombre de Valdeorras a la élite musical de la Euroregión
Lo que comenzó como horas de ensayo, esfuerzo y pasión por la música terminó convirtiéndose en un logro histórico para O Barco de Valdeorras. El cuarteto de saxofones de la Escuela y Conservatorio de Música de O Barco regresó de la IX Mostra Musical do Eixo Atlántico con una Mención de Honor, un reconocimiento que sitúa a la formación entre las mejores de un certamen internacional en el que participan algunas de las escuelas y conservatorios más destacados de Galicia y el norte de Portugal.
Detrás de este éxito están los jóvenes músicos Iria Bárbara Rodríguez, Carmen Ruiz, Martín Porto y Aarón González, dirigidos por Manuel Prada, profesor de saxofón y gaita y director de la Escuela de Música. Un grupo que ha conseguido algo que ninguna otra formación barquense había logrado hasta ahora en esta prestigiosa cita musical.
«Solo llegar allí ya era un reto. Pasar a la final fue increíble y conseguir una Mención de Honor fue una auténtica pasada», explicaba Manuel Prada durante una entrevista en Radio Valdeorras Onda Cero. El docente destacaba además el nivel de la competición, en la que participaron conservatorios y escuelas procedentes de ciudades con una larga tradición musical y una estructura mucho mayor que la de O Barco.
«Competir con municipios y ciudades tan importantes le da todavía más valor a lo que hemos conseguido», señalaba el director, recordando que la representación gallega era muy reducida frente a la amplia participación portuguesa.
Dos obras exigentes para conquistar al jurado
El cuarteto defendió en el escenario dos piezas de gran complejidad técnica: Suite Helenic y La pequeña czarda, del reconocido saxofonista y compositor Pedro Iturralde. Obras que, además de exigir un elevado nivel interpretativo, requieren una perfecta compenetración entre los músicos.
«Son obras muy difíciles, pero también muy agradecidas para el público. Están llenas de ritmo y siguen sonando actuales pese al paso de los años», explicaba Prada.
Sin embargo, el verdadero desafío no estaba únicamente en dominar las partituras, sino en lograr que cuatro jóvenes músicos respiraran y sintieran la música como una sola voz.
«Lo más difícil es llegar al consenso de querer decir todos lo mismo con la música», resumía Martín Porto, una frase que refleja la esencia del trabajo de conjunto.
Mucho más que ensayos
Detrás del reconocimiento hay años de formación y muchas horas de trabajo. Los propios integrantes del cuarteto reconocen que el aprendizaje musical exige constancia, paciencia y dedicación.
«Hay que tener mucha paciencia. Son muchas horas y muchos años, pero sobre todo hacen falta ganas, porque sin ganas no vas a ningún lado», afirmaba Iria Bárbara Rodríguez.
A pesar de la presión del concurso, los cuatro coinciden en que los nervios terminan transformándose en concentración y disfrute una vez comienza la actuación.
«Los nervios son importantes, pero tocar delante de un público en un concurso así genera unas sensaciones que no son comparables», explicaba Carmen Ruiz.
El propio Manuel Prada reconocía haberse sorprendido por la madurez con la que afrontaron el reto. «No se achantaron para nada. Sabía que iban a darlo todo, pero me sorprendieron muchísimo. Demostraron un temple increíble».
«La música es vida»
Más allá del premio, la conversación dejó una reflexión compartida por los jóvenes intérpretes: la música forma parte de su identidad.
«La música es vida», afirmaban tanto Iria como Martín, mientras que Carmen la definía como «una muestra de cultura y también de unión». Aarón, por su parte, destacaba el valor de la disciplina y el esfuerzo constante: «Ese reconocimiento es la recompensa al trabajo de todos estos años».
Palabras que resumen perfectamente el significado de una distinción que trasciende el ámbito competitivo. Porque la Mención de Honor conseguida en la Mostra Musical do Eixo Atlántico no solo premia una actuación concreta, sino el trabajo silencioso de una escuela, de un conservatorio, de un profesor y de cuatro jóvenes músicos que han demostrado que el talento también puede surgir desde una pequeña comarca del interior.
Y lo han hecho llevando el nombre de O Barco y de Valdeorras hasta uno de los escenarios musicales más exigentes de la Euroregión