El Botelo vuelve a llenar O Barco

El Botelo vuelve a llenar O Barco
Entradas agotadas en menos de una hora para el pabellón, restaurantes y hoteles completos y grupos que repiten año tras año confirman que la fiesta del Botelo sigue creciendo como punto de encuentro familiar y social

O Barco de Valdeorras se prepara para uno de sus fines de semana más señalados. La llegada del Botelo se nota en el ambiente de la villa, en las calles y, sobre todo, en los restaurantes, donde desde hace días no queda apenas margen para improvisar. La cita gastronómica vuelve a demostrar su tirón y consolida su papel como una fiesta que va mucho más allá de la comida popular del sábado.

Las 1.150 entradas para el almuerzo en el pabellón de Calabagueiros se agotaron en poco más de una hora el pasado viernes, tras largas colas a las puertas del Teatro Lauro Olmo. Un dato que se repite año tras año y que explica por qué cada vez son más las familias y grupos de amigos que optan por celebrar el Botelo alrededor de una mesa de restaurante, una alternativa que también exige previsión.

Uno de los establecimientos con mayor volumen de reservas es O Pazo do Castro, que supera ya las 150 para el sábado, en su mayoría grupos grandes de más de 30 personas. El local ha preparado un grupo de gaitas para amenizar el aperitivo y cerrará la jornada con una queimada.

Botelo de Pazo do Castro

Su responsable, Montse Domínguez, explica que muchas de las reservas se realizaron incluso antes de la venta oficial de entradas y que, tras agotarse, llegaron nuevas peticiones de quienes se quedaron sin sitio en el pabellón. «Cada año aumenta el número de comensales», comenta, y apunta que el precio de la comida popular se ha acercado al de los restaurantes, lo que influye en esa elección. A ello se suma la buena acogida del pincho elaborado este año para la ruta gastronómica.

El lleno es también absoluto en O Piquiño, donde las mesas se reservan prácticamente de un año para otro. Marcos González,  destaca la fidelidad de los grupos que repiten, algunos desde hace cuatro años: cuadrillas de más de 30 personas, otras de veinte, varias de una docena y también grupos más pequeños, todos con el Botelo marcado en rojo en el calendario.

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Otro de los clásicos del fin de semana del botelo es el San Mauro, que ha vuelto a colgar el cartel de completo con grandes grupos de amigos y familias que suelen dejar su reserva hecha nada más terminar la fiesta, comenta Joaquín Lado. Y las pocas plazas que quedaban libres se agotaron ya a finales de año.

Botelo en el restaurante San Mauro

En el Fernando III la situación es similar, con todas las mesas ocupadas desde hace meses y grupos de amigos que acumulan tantos años de asistencia al restaurante para degustar el plato típico, como la propia celebración del Botelo en O Barco.

Botelo en el restaurante Fernando III

La fiesta se extiende también a municipios cercanos. En Vilamartín de Valdeorras, el Paladium cuenta ya con varias reservas de grupos grandes, muchos de ellos que acuden por primera vez a degustar el botelo, y confía en recibir más llamadas en las próximas horas. Calzada, también en Vilamartín, se ha sumado de nuevo al fin de semana del Botelo y, aunque aún queda alguna plaza libre, ha superado las cifras de reservas del año pasado.

Restaurante Calzada en Vilamartín de Valdeorras

Y si los restaurantes están llenos, el movimiento también se deja notar en los hoteles. El Hotel Malecón, situado en pleno centro de O Barco, ha colgado desde hace semanas el cartel de completo, reflejo del tirón que sigue teniendo la fiesta fuera también de la villa. Otros establecimientos de la comarca registran ya reservas y confían en el habitual incremento de ocupación de última hora, en un fin de semana marcado por las comidas familiares y los encuentros de amigos.

Desde el Concello siempre se ha defendido que el objetivo del Botelo es dinamizar la economía local y generar movimiento en restaurantes y alojamientos. Los datos y el ambiente de estos días confirman que la cita cumple, un año más, con esa función. El Botelo se come en grupo, se comparte y se reserva con antelación y ya se ha convertido, edición tras edición, en una de las grandes excusas para volver a sentarse juntos alrededor de la mesa.