Blare, el valor de hacer vinos sin prisa y escuchando a la tierra
En un sector cada vez más competitivo, donde la innovación y la diferenciación se han convertido en herramientas imprescindibles, hay proyectos que encuentran su personalidad mirando precisamente hacia sus raíces. Es el caso de Bodega Blare, una de las incorporaciones más recientes a la Denominación de Origen Valdeorras y también una de las más singulares.
Su puesta de largo en la XXVII Feira do Viño de Valdeorras ha servido para que muchos descubran una bodega que llevaba más de veinte años gestándose en silencio. Un proyecto familiar impulsado por Herminio Blanco, viticultor apasionado y alma de una iniciativa nacida de la ilusión por construir algo propio junto a sus hijos.
«Era un proyecto muy personal. Quería crear una empresa familiar vinculada a algo que le apasionaba desde siempre, que era el mundo de la viticultura», explica Cristina Ramos, una de las personas encargadas de dar a conocer la filosofía de la bodega durante la feria.
La historia comenzó con la compra de una finca en Vilanova. Allí, además de plantar nuevas cepas, apareció un hallazgo que acabaría definiendo la identidad del proyecto: varias viñas centenarias que permanecían ocultas entre la vegetación y el paso del tiempo.
Lejos de arrancarlas, la familia decidió recuperarlas. «Hizo un trabajo fantástico de recuperación de esas cepas centenarias», recuerda Cristina.
Cepas con historia, vinos con identidad
Aquella recuperación es hoy una de las señas de identidad de Blare. De las viñas más jóvenes nace Luz de Outarelo, un Godello elaborado a partir de cepas de entre veinte y veinticinco años cultivadas en los parajes de Vilanova y Outarelo. Un vino que apuesta por la frescura, la expresión varietal y el equilibrio, elaborado con levaduras autóctonas y criado durante seis meses sobre sus lías finas.
Las cepas centenarias, por su parte, dan origen a dos referencias muy especiales. Por un lado, Luz Paraxe Cestelas, un Godello de producción limitada que fermenta lentamente y reposa en roble francés, reflejando toda la complejidad mineral de un viñedo que ha sobrevivido a generaciones.
Por otro, Outarelo, una Garnacha Tintorera procedente también de esas viejas cepas que combina estructura, profundidad y elegancia tras una larga crianza en barrica y botella.
Tres vinos distintos, pero unidos por una misma idea: expresar el carácter del lugar del que proceden. Porque para Blare el vino no se fabrica, se acompaña.
La única bodega ecológica de Valdeorras
Uno de los aspectos que más llama la atención a quienes visitan su stand es que, actualmente, «Blare es la única bodega ecológica de la Denominación de Origen Valdeorras», señala Cristina.
Una apuesta que para ellos no responde a una estrategia comercial, sino a una forma de entender la viticultura.«La gente se sorprende cuando descubre que trabajamos en ecológico, pero sobre todo cuando prueba los vinos y reconoce perfectamente un Godello de Valdeorras», comenta Cristina.
La filosofía de la casa se resume en tres palabras que aparecen como una declaración de principios en su presentación: raíz, esencia y tiempo.
Raíz porque todo comienza en la tierra. Esencia porque buscan que cada vino exprese con honestidad su origen. Y tiempo porque entienden que las cosas importantes no admiten atajos. «Cultivamos el vino con respeto, dedicación y con la convicción de que la tierra no necesita adornos, solo atención», explican desde la bodega.
Una cueva de más de dos siglos
La conexión con la historia también está presente en las instalaciones de la propia bodega.Cuando adquirieron la finca descubrieron una antigua cueva de más de doscientos años que todavía hoy forma parte del proyecto. «La cueva ya estaba cuando se compró la finca. Tiene más de doscientos años y hemos podido conservarla», explica Cristina.
Ese espacio convive ahora con nuevas ampliaciones destinadas a almacenar una producción que crece poco a poco, siempre manteniendo la filosofía artesanal con la que nació la bodega.
Una presentación ilusionante
La Feira do Viño ha supuesto para Blare mucho más que una cita promocional. Ha sido la oportunidad de presentarse ante el público de su propia tierra.
Y la respuesta, aseguran, ha sido emocionante.«Ha sido muy satisfactorio. Hemos puesto muchísima ilusión en todo este proceso y estamos felices de formar parte de este gran equipo que es Valdeorras», afirma Cristina.
Durante estos días han recibido la visita de vecinos de la comarca, aficionados al vino llegados de distintos puntos de Galicia e incluso turistas internacionales que repiten año tras año su visita a la feria. Una confirmación de que el vino sigue siendo uno de los grandes embajadores de Valdeorras.
Y también de que proyectos como Blare encuentran su lugar en una comarca donde la tradición vitivinícola no deja de renovarse sin perder nunca de vista sus raíces.
Porque en Blare creen que el vino necesita tiempo. Y quizá por eso cada botella cuenta una historia que comenzó mucho antes de descorcharse
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