O Barco, bajo un cielo de fuego y color

Desde el Alto de Viloira, los fuegos de las Festas do Cristo ofrecieron durante 16 minutos una perspectiva privilegiada, con la villa a los pies y los grandes rosetones de luz prácticamente a la altura de los ojos

Hay lugares desde los que una noche de fuegos artificiales se contempla de una manera diferente. El Alto de Viloira es uno de ellos. Desde allí, O Barco se extiende a los pies, salpicado por las luces de calles, casas y edificios, mientras el cielo queda prácticamente frente a los ojos. 

Y en la noche del 14 de septiembre ese cielo se llenó de color. Durante 16 minutos, la tradicional tirada de fuegos de las Festas do Cristo fue dibujando sobre O Barco una sucesión de formas y combinaciones. Grandes rosetones se abrían a la altura de la mirada, primero en un punto y después en otro, transformando continuamente la imagen de la villa vista desde lo alto.

Verdes intensos, rojos, dorados, rosas... Los colores se sucedieron y se mezclaron en un espectáculo en el que cada lanzamiento parecía buscar una composición diferente. Hubo grandes círculos que se expandían hasta desaparecer, cascadas de oro que parecían caer lentamente sobre O Barco, trazos que se cruzaban en el cielo y pequeñas explosiones que daban paso, segundos después, a otras mucho mayores.

Desde el Alto de Viloira, la perspectiva permitió además contemplar algo que desde las calles resulta imposible: los fuegos y O Barco formando parte de una misma imagen.

Mientras abajo continuaba la vida de las fiestas, desde lo alto podían seguirse las luces de la villa y, sobre ellas, las explosiones que iluminaban por momentos todo el horizonte. Cada destello cambiaba la escena. El rojo teñía durante unos instantes la oscuridad; después llegaba el verde, el rosa o el oro, antes de que el cielo volviese a oscurecerse esperando el siguiente disparo.

La intensidad fue creciendo conforme avanzaba el espectáculo. Las explosiones comenzaron a encadenarse, los colores a superponerse y los grandes rosetones a compartir espacio en el cielo hasta llegar a la traca final.

Entonces apenas hubo descanso entre

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un estallido y el siguiente. El cielo sobre O Barco volvió a llenarse de luz una y otra vez hasta que llegó el último disparo y, tras él, el silencio.

Solo duró unos segundos. Desde abajo llegaron los aplausos del público, poniendo el punto final a 16 minutos de pólvora, luz y color y a una de las imágenes que dejan cada año las Festas do Cristo.

Desde el Alto de Viloira quedó otra: O Barco a los pies y, frente a la mirada, un cielo convertido en enormes rosetones verdes, rojos, rosas y dorados.

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