Adega A Bágoa, el tinto que nace de la memoria, la paciencia y el respeto por la tierra

La pequeña bodega de Vilanova reivindica el potencial de los tintos de Valdeorras con una producción limitada, crianza artesanal y dos medallas de oro internacionales

En una comarca donde el éxito del godello acapara buena parte de los focos, hay quienes trabajan para demostrar que los tintos de Valdeorras también tienen mucho que decir. Es el caso de Adega A Bágoa, una pequeña bodega familiar situada en Vilanova que ha encontrado en la tradición, el respeto por la tierra y la búsqueda constante de la calidad su principal seña de identidad.

Detrás del proyecto está Guillermo González Losada que decidió aprovechar el parón de la pandemia para dar forma a una idea que llevaba años madurando. La viña ya estaba plantada, pero fue durante aquellos meses cuando llegaron los trámites necesarios para incorporarse al Consejo Regulador de la Denominación de Origen Valdeorras y comenzar una nueva etapa. «Queríamos hacer un tinto de calidad, algo diferente», explica. Y esa filosofía continúa guiando cada una de las decisiones que se toman en la bodega.

La historia de Adega A Bágoa está profundamente ligada a la memoria familiar. Todo comenzó en una pequeña parcela heredada de la abuela, un viñedo que fue creciendo poco a poco hasta convertirse en el corazón de un proyecto que hoy sigue manteniendo intacta la esencia de sus orígenes. «La etiqueta de la abuela lleva el nombre de la parcela y nunca hemos querido cambiarlo», dice Guillermo.

Menos cantidad para conseguir más calidad

La filosofía de la bodega se resume en una idea sencilla, producir menos para ofrecer más. La finca Parreiras, plantada en 2008, fue diseñada desde el principio con criterios orientados a la calidad. Las cepas se distribuyeron para evitar sobreproducciones y favorecer una maduración equilibrada. El resultado es una producción que apenas alcanza entre 5.500 y 6.000 kilos por hectárea, aproximadamente la mitad de lo permitido por la normativa de la denominación.

Ese esfuerzo continúa en la viña mediante podas de respeto, aclareos de racimos y un manejo sostenible del suelo que busca preservar el equilibrio natural del ecosistema. «Siempre priorizamos la calidad por encima del volumen», resume el bodeguero. Una filosofía que conecta con el concepto francés de terroir, donde suelo, clima, planta y viticultor forman un todo inseparable.

La apuesta por los tintos de Valdeorras

Si hay algo que define a Adega A Bágoa es su defensa convencida de las variedades tintas de la comarca. Mientras muchas bodegas centran sus esfuerzos en los blancos, Guillermo apuesta por demostrar que variedades como la Mencía o el Sousón pueden dar lugar a vinos de alta gama con identidad propia. «Creo que aquí hay muchísimas variedades de uva tinta para hacer vinos de gran calidad», asegura.

Su método de elaboración también marca diferencias. Inspirado en el estilo château francés, el vino permanece en contacto con la madera durante todo el proceso, desde la fermentación hasta la crianza. Posteriormente envejece durante doce meses en barricas de roble francés y americano y continúa afinándose en botella.

El resultado son vinos elegantes, equilibrados y con una personalidad muy marcada, donde la fruta y la mineralidad conviven con los matices aportados por la madera.

Dos medallas de oro para un proyecto que acaba de empezar

La apuesta no ha tardado en encontrar reconocimiento fuera de Valdeorras. Tanto el Mencía Selección Finca Parreiras como el nuevo Loanza han conseguido 91 puntos y medalla de oro en el certamen internacional Catavinum World Wine & Spirits Competition.

«Quería que nos valoraran fuera de aquí, competir con vinos de Rioja, Ribera del Duero o incluso del extranjero. No buscaba una medalla, sino saber si íbamos por el buen camino», explica Guillermo. La respuesta llegó en forma de reconocimiento internacional y confirmó que aquel camino iniciado casi por casualidad tenía mucho recorrido por delante.

Una bodega para compartir

Pero si algo emociona a Guillermo más que los premios son las personas que cruzan la puerta de su bodega. Instalada en una antigua casa de piedra rehabilitada, Adega A Bágoa recupera el espíritu de las bodegas tradicionales donde vecinos y amigos se reunían para probar el vino del año y compartir historias. «Eso es lo que quiero mantener. Que la gente venga, pruebe el vino, charlemos y disfrutemos juntos», cuenta.

No tiene grandes distribuidores ni busca crecer a cualquier precio. Produce alrededor de 4.000 botellas al año y prefiere que sean los propios clientes quienes descubran el vino y lo recomienden. «Yo no voy a ofrecerte el vino para que me lo compres. Prefiero que lo pruebes y que él se presente solo», afirma.

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Quizá ahí resida la esencia de Adega A Bágoa. En una manera de entender el vino que va mucho más allá de la elaboración. Una forma de mantener vivo un legado familiar, de reivindicar el potencial de los tintos de Valdeorras y de recordar que cada botella guarda una historia.

Porque, como sucede con los grandes vinos, las cosas auténticas necesitan tiempo. Y Adega A Bágoa parece haber encontrado el suyo.

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