De Roma a la pizarra, la historia que explica la Valdeorras actual
La herencia romana, el auge del viñedo y la minería marcan la identidad de una comarca entre tradición y transformación
Entender la Valdeorras de hoy obliga a viajar más de dos mil años atrás. Mucho antes de que el vino o la pizarra definiesen su economía, el territorio ya había despertado el interés de Roma, que encontró en este rincón del noroeste peninsular un enclave estratégico y rico en recursos. La llegada de los romanos supuso un punto de inflexión. Tras la conquista del territorio a Guigurros y Tiburi, el Imperio impulsó una reorganización que integró la comarca en sus redes económicas y administrativas. Infraestructuras como la Vía Nova permitieron conectar el valle del Sil con otras zonas de Hispania, facilitando el comercio y el movimiento de mercancías.
Uno de los principales atractivos de la zona era el oro. Aunque las grandes explotaciones se concentraron en lugares como Las Médulas, el entorno de Valdeorras participó de esa dinámica extractiva, sirviendo como territorio de paso y apoyo logístico.
Pero el legado más duradero no fue el mineral, sino la tierra. Los romanos introdujeron y organizaron el cultivo de la vid, aprovechando las condiciones climáticas y geográficas del valle. A partir de ese momento, el viñedo comenzó a formar parte del paisaje y de la economía local, una herencia que ha llegado hasta nuestros días. Hoy, la Denominación de Origen Valdeorras es una de las más reconocidas de Galicia, con variedades como Godello o Mencía como principales exponentes. Aunque han evolucionado con el paso de los siglos, su cultivo hunde sus raíces en aquella primera organización agrícola impulsada por Roma.
Tras la caída del Imperio romano, Valdeorras vivió siglos de transformación marcados por la presencia de monasterios, señoríos y órdenes religiosas. La Iglesia tuvo un papel clave en la conservación del conocimiento agrícola y en la organización del territorio, manteniendo vivo el cultivo de la vid y la explotación de la tierra. Castillos, iglesias y restos monásticos que aún se conservan en la comarca son testimonio de esa etapa en la que el poder se fragmentó, pero la identidad territorial comenzó a consolidarse.
Si el vino conecta Valdeorras con su pasado romano, la pizarra explica su presente. Desde el siglo XX, la extracción de este material ha transformado profundamente la economía y el paisaje, convirtiendo a la comarca en uno de los principales centros productores a nivel mundial. Este desarrollo ha generado empleo y riqueza, pero también ha planteado retos relacionados con el impacto ambiental y la ordenación del territorio. Aun así, la pizarra se ha consolidado como el gran motor económico contemporáneo de Valdeorras.
Hoy, Valdeorras es el resultado de todas esas capas históricas. De la red romana que estructuró el territorio, del saber agrícola que consolidó el viñedo, de la influencia medieval y del impulso industrial de la pizarra. El visitante que recorre la comarca puede encontrar en pocos kilómetros esa mezcla de historia y modernidad: viñedos heredados de la Antigüedad, pueblos que conservan su trazado tradicional y explotaciones mineras que miran al futuro.
Más que una suma de etapas, Valdeorras es una continuidad. Un territorio que ha sabido adaptarse a cada época sin perder su esencia, y cuya historia sigue siendo la mejor clave para entender su presente.