Caminando nuestros ríos: A Cántara da Moura, el refugio fresco de A Veiga donde habitan las leyendas

Hay lugares que parecen creados para escapar del calor. Rincones donde el tiempo transcurre más despacio, donde el murmullo del agua sustituye al ruido y donde la naturaleza sigue escribiendo historias que mezclan realidad y leyenda.

La primera parada de Caminando nuestros ríos nos lleva hasta la Cántara da Moura, uno de los parajes más sorprendentes del municipio de A Veiga. Un lugar escondido entre robles, castaños y enormes bloques de granito que parecen haber sido colocados allí por la mano de gigantes.

El camino comienza muy cerca de la aldea de Corzos. Apenas unos minutos después de iniciar la ruta, el paisaje cambia por completo. La sombra del bosque envuelve al visitante y el sonido del agua se convierte en el mejor compañero de viaje. Aquí el río Corzos no se limita a correr; juega; se esconde; desaparece bajo las piedras para volver a surgir unos metros más adelante, como si quisiera sorprender a quien lo observa.

Durante miles de años, la fuerza del agua fue modelando el duro granito hasta crear un auténtico laberinto natural de pasadizos, túneles, cuevas y pozas cristalinas. El resultado es un escenario casi mágico, donde cada roca parece tener una historia que contar.

En verano, cuando el calor aprieta en el fondo de los valles, la Cántara da Moura se convierte en uno de esos lugares que invitan a quedarse. La temperatura desciende varios grados bajo la protección de los árboles y el frescor del río acompaña durante todo el recorrido.

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Pero si algo hace especial este rincón no es solo su belleza natural, también lo son las leyendas que lo rodean. Cuenta la tradición que en estas cuevas habita una «moura» de largos cabellos dorados. Al amanecer, se sentaba junto al río y dejaba caer un peine de oro ante las jóvenes pastoras que cruzaban por el lugar. Si alguna recogía el peine, era recompensada con monedas de oro. Si lo ignoraba, la leyenda asegura que acababa convertida en una de las piedras que aún hoy se pueden contemplar en el paraje.

Quizá por eso algunas rocas tienen formas tan caprichosas. Quizá por eso, cuando la luz se cuela entre los árboles e ilumina las aguas transparentes del Corzos, resulta fácil imaginar que todavía queda algo de magia escondida entre estas piedras.

Más allá de la leyenda, la Cántara da Moura también guarda memoria histórica. Durante la posguerra, sus cuevas y escondites naturales sirvieron de refugio a los maquis, los guerrilleros antifranquistas que encontraron en estas montañas un lugar donde resistir y mantenerse ocultos.

Hoy ya no quedan guerrilleros ni peines de oro. Lo que permanece es un paisaje único, moldeado pacientemente por el agua y el tiempo.

La ruta, de apenas uno o dos kilómetros entre ida y vuelta, es sencilla y apta para toda la familia. Las pasarelas de madera facilitan el recorrido y permiten adentrarse cómodamente en este pequeño universo de piedra, agua y bosque.

En estos días en los que los termómetros parecen empeñados en alcanzar cifras récord, la Cántara da Moura se presenta como una escapada perfecta. Un lugar donde el río canta, el bosque protege y las leyendas siguen esperando a quien quiera escucharlas.

Porque a veces no hace falta viajar lejos para descubrir lugares extraordinarios. A veces basta con seguir el curso de un río.

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