Misiles sobre Dubái: tres valdeorreses cuentan cómo vivieron los ataques de Irán en el Golfo
David Regueiro, Óscar Delgado y Adrián Blanco fueorn testigos de la eficacia de las medidas antiaereas de Dubai y de las consecuencias del ataque de Irán. Pequeñas explosiones, cierre del espacio aéreo y un regreso de 16 horas por carretera
La alerta llegó de madrugada. Un mensaje urgente en el teléfono móvil y, casi al mismo tiempo, un estruendo seco que rompía el silencio de la noche. En Dubái, mientras gran parte de la ciudad dormía, los sistemas de defensa comenzaron a interceptar drones y misiles lanzados desde Irán contra objetivos militares situados en la región.
Entre quienes escucharon aquellas detonaciones estaban tres valdeorreses. A miles de kilómetros de la comarca, David Regueiro, Óscar Delgado y Adrián Blanco vivieron el mismo episodio desde situaciones muy distintas: una familia que se despierta sobresaltada por una alerta en el móvil, una celebración entre amigos marcada por explosiones en el cielo y un deportista que termina atravesando el desierto en autobús después de que todos los vuelos queden cancelados.
Tres escenas diferentes de un mismo fin de semana
David Regueiro, natural de O Barco, dormía cuando el teléfono vibró sobre la mesilla. Eran alrededor de la una de la madrugada. La alerta lo despertó de golpe. «Pegamos un buen salto de la cama», recuerda.
Apenas unos segundos después comenzaron a escucharse los primeros estruendos. No eran impactos directos, sino interceptaciones: los sistemas antimisiles destruían en el aire los drones y proyectiles que se dirigían hacia bases militares en la región.
Se levantaron y encendieron el televisor parar seguir las noticias e intentar entender qué estaba ocurriendo. Reconoce que vivieron momentos de incenrtidumbre. Después, la casa volvió al silencio. Sus hijos, de ocho y cuatro años, ni siquiera llegaron a despertarse.
La escena cambió a la mañana siguiente. Desde su vivienda en la zona de la Palmera, en Dubai, pudieron observar cómo continuaban algunas interceptaciones en el cielo. Primero se escuchaba el ruido lejano. Después aparecía la estela y, unos segundos más tarde, la nube blanca que dejaba la explosión suspendida en el aire.
Los niños miraban al cielo con curiosidad. «Mi hija no paraba de decir: “este era muy grande, este era muy grande”», cuenta. Para explicarles lo que estaba pasando recurrió a una imagen sencilla: como si alguien lanzara una pelota de fútbol y otra persona intentara romperla en el aire con una pelota de tenis.
Aun así, insiste en que lo que escuchaban distaba mucho de una escena de guerra. «Si me permites la comparación, era más como las bombas de las fiestas del pueblo. Escuchabas el estruendo y luego veías el humo en el cielo». Más allá de esos momentos puntuales, la ciudad continuó con su ritmo habitual. «He ido a jugar al pádel, los niños al parque y los restaurantes están llenos».
Esa mezcla de sobresalto inicial y rápida vuelta a la normalidad es algo que también describe Óscar Delgado, otro valdeorrés que lleva siete años viviendo en Dubái.
Cuando comenzaron los ataques él no estaba en casa ni pendiente de las noticias. Aquella noche tenía un plan mucho más cotidiano: acudir a la fiesta de cumpleaños de un grupo de españoles.
A lo largo del día empezaron a circular los primeros avisos sobre el lanzamiento de misiles y drones por parte de Irán. Poco después comenzaron a escucharse las detonaciones. «Lo que oíamos eran las contramedidas defensivas interceptando los misiles en el aire», explica.
La celebración siguió adelante. De vez en cuando se escuchaba algún estruendo lejano, pero el ambiente se mantenía tranquilo. «La ciudad no es el objetivo», señala. «Los objetivos son bases militares estadounidenses o aliadas» y saber eso aporta cierta tranquilidad.
Los misiles y drones sobrevolando el cielo de Dubai obligó al cierre parcial del espacio aéreo que tuvo consecuencias inmediatas para quienes estaban de paso en la ciudad.
Entre los invitados a aquella fiesta había varios españoles que habían viajado a Dubái solo para pasar unos días y que, de repente, se encontraron con todos los vuelos cancelados. «Había un grupo de cinco personas que venían de visita y se quedaron atrapadas», recuerda Delgado.
Algo parecido —aunque con un desenlace bastante más largo— fue lo que le ocurrió a Adrián Blanco. El seleccionador de pádel, natural de A Rúa se encontraba en Dubái aquel fin de semana antes de tomar su vuelo de regreso a Arabia Saudí.
Había quedado en un club de pádel cercano al aeropuerto cuando escuchó varios estruendos. «Salimos fuera y vimos lo que parecía un misil interceptado», explica. Decidió acercarse al aeropuerto para comprobar si su vuelo seguía programado. Cuando llegó, todos estaban cancelados.
La incertidumbre comenzó entonces a extenderse entre los pasajeros que esperaban alguna alternativa. Blanco terminó refugiándose en casa de unos amigos mientras intentaba encontrar una solución para volver a Riad. Pero la noche todavía guardaba otro sobresalto.
Pasada la medianoche, una nueva alerta volvió a sonar en el teléfono. Apenas unos segundos después se escucharon dos explosiones especialmente intensas. «Las sentimos incluso en los cristales», recuerda. «Ese fue el momento en el que más miedo pasé». En ese instante decidió abandonar la ciudad.
Algunos miembros de la selección saudí con la que trabaja habían conseguido que la embajada organizara autobuses para regresar a Arabia Saudí. Aunque en principio no podía acceder, finalmente logró una plaza. Salieron de Dubái de madrugada.
El trayecto fue largo: primero hasta la frontera, después los controles de pasaporte y finalmente un coche alquilado en territorio saudí. En total, unas dieciséis horas de viaje. Llegó a su casa en Riad a las siete de la tarde.
Mientras Adrián atravesaba la frontera tras ese largo recorrido por carretera, en Dubái la ciudad recuperaba su pulso habitual. Parques abiertos, restaurantes llenos y colegios adaptando el calendario escolar –el país ha adelantado las vacaciones escolares– para reducir la incertidumbre entre las familias.
Una normalidad extraña, marcada por estelas blancas en el cielo y detonaciones lejanas que, durante unos segundos, recuerdan que la guerra puede estar mucho más cerca de lo que parece.