Las madres, lo que damos por hecho hasta que faltan
Cada primer domingo de mayo volvemos a poner el foco en ellas. El Día de la Madre aparece en el calendario como una fecha señalada, pero en realidad es más bien una excusa. Una oportunidad —quizá necesaria— para detenernos un momento y pensar en esas mujeres que han sido, son y serán, en muchos casos, el eje silencioso de nuestras vidas.
Las madres suelen estar ahí desde el principio, sin hacer ruido. Son las que sostienen, las que empujan cuando hace falta y las que frenan cuando toca. Las que saben sin preguntar y las que preguntan cuando ven que algo no encaja. No hay manual para ser madre, pero hay algo que se repite en casi todas, una capacidad infinita para dar. Tiempo, cuidados, paciencia… y, sobre todo, una forma de querer que pocas veces se mide en la misma balanza que se recibe.
Porque esa es otra de las verdades incómodas, no siempre son correspondidas. No siempre valoramos lo que hacen, ni entendemos el alcance de su entrega mientras están. Damos por hecho muchas cosas. Que la comida aparece, que todo funciona, que alguien está pendiente. Y no es hasta que faltan cuando empezamos a atar cabos, a descubrir la cantidad de pequeños gestos que sostenían el día a día.
Entonces llega el silencio. Y con él, esa sensación de vacío que no se llena con nada. Es ahí cuando uno entiende que no eran solo rutinas, sino una forma de cuidar que no hacía falta nombrar. Y también cuando aparecen los recuerdos más simples, una llamada, una frase repetida mil veces, una preocupación constante que en su momento parecía exagerada.
Por eso, quizá este día no necesite grandes gestos. Ni regalos caros ni celebraciones complicadas. A veces basta con lo más sencillo: un beso, un abrazo, una conversación sin prisas. Decir “gracias” sin adornos. Y para las que ya no están, un recuerdo tranquilo, unas flores, o simplemente parar un momento y pensar en ellas.
Porque al final, más allá de fechas y homenajes, las madres son eso, una presencia que marca. A veces discreta, a veces firme, pero siempre fundamental. Y aunque cada historia es distinta, hay algo que se repite, cuando miramos atrás, casi siempre están ahí.